–¿Es que te has vuelto loco? -cuestionó Anna mientras se soltaba del agarre de Hans. –¿Ahora vas por la vida metiéndote al baño de mujeres como un pervertido?
–Locura es tener a un chaperón vigilándote todo el tiempo. De no ser por él, yo no hubiese recurrido a esto.
–Kristoff solamente cuida de mi.
–Te vigila para Elsa.
–Es verdad que me cuida porque ella se lo pidió. ¿Qué hay de malo en eso?
–Entre Vigilar y cuidar hay una gran diferencia.
–Hans, creí que las cosas habían quedado en claro la última vez que hablamos. Y tú solo buscar mil y un formas para generarme problemas.
–Anna, entiendo que a tu hermana no le caigo bien, ¿Ok?. También comprendo que la prefieras a ella, pero esa sobreprotección enfermiza que ha tomado Elsa contigo: no es normal.
–¿Que dos hermanas se quieran es anormal para ti?
–Proteger a tus seres amados está bien, pero acaparalos de una forma posesiva, no lo está. Tú ya ni siquiera puedes ir y venir sola. Si no es ella, es Kristoff. Incluso, para todo tienes que pedir su autorización.
–¿Y acosar a tus amigas de esta forma está bien para ti? ¿O te gusta disfrutar de tu doble moral?
–Yo hago esto por tu bien. Ya no eres la misma chica extrovertida con espíritu aventurero. Ahora pareces una mujer de los sesenta que debe obedecer.
–Suficiente -afirmó Anna con fastidio dándole la espalda a Hans. Dispuesta a salir de ahí.
–Anna, por favor, abre los ojos.
Necesitaba algo de aire. Esa frase, extrañamente había hecho eco en su cabeza y le estaba martillando los sesos.
Solo necesitaba aire.
Pero en medio de su huida, chocó con la delicada espalda de alguien.
–¿Elsa? ¿Qu-qué estás haciendo aquí?
–En la facultad nos han dado el día. Y -miró su reloj –aun te quedan 45 minutos de receso, así que, he venido a invitarte a almorzar.
–Yo… claro.
–Solo espero no te importe, pero ya que me he encontrado antes a tus amigas, las he invitado también.
–No hay problema.
–Perfecto. Vayan por sus cosas entonces, les espero aquí.
Mientras subían las escaleras, Anna sintió un enorme peso en la espalda, y las palabras de Hans volvieron a sonar, pero sentir que alguien se sujetaba de su brazo la obligó a ignorar sus cavilaciones.
–Eres tan afortunada, Anna -dijo su amiga. –Tienes unos buenos padres. Una increíble hermana que te cuida y se preocupa por ti. Lo que yo daría porque alguien me pusiera en primer lugar antes que todo -finalizó con una sincera sonrisa.
–Gracias- susurró la pelirroja, más para sí misma, que para alguien más.
¡Por supuesto que era afortunada!...
¿Cómo se había atrevido a pensar que no? ¿A creer en las tonterías que decía Hans?
Elsa la amaba, y como tal, solo se preocupaba por ella. La cuidaba. La ponía como prioridad.
Porque de eso se trababa el amor, ¿No?
ESTÁS LEYENDO
Quimera...
Acak"¿Que límites estarías dispuesta a romper por ella?" "¡Todos!" - Afirmo Elsa sin dudar.
