¿Por qué cuesta tanto escribir sobre el ego?, ¿por qué resulta tan trabajoso discutir sobre el tema?, son un par de preguntas con las que he reflexionado sobre el tema, sospecho que es complicado, porque hacerlo es desnudar al personaje que consciente o inconscientemente construimos en la superficie y que tal entidad se resiste a sumergirse en la lupa de la introspección, la armadura del Yo que se resiste a desnudar a uno de sus amos más poderosos.
Y es que hablar del ego, es enfrentar a lo que para muchos de nosotros es uno de los motores de vida, la propia percepción o autopercepción, y es que ¿quién no se siente bien ante la alabanza, el elogio o la carantoña?, los halagos son desde la antigüedad la más sutil forma de dominación que hay, son imposibles de esquivar para quién los recibe, solo el que los prodiga sabe la verdadera naturaleza de los móviles con los que lo hace, pero la víctima cae siempre por el encanto de las palabras, los regalos y los afectos.
Incluso ahora mientras escribo mi mente se resiste a desenmascarar a este falso amigo, porque sabe que mirarse hacia el interior y descubrir las grietas de una armadura que se ha construido durante años y a la que hemos aceitado hasta el cansancio, la vuelve indistinguible y que sirve para ocultar las partes desagradables de nuestra personalidad.
Pero hablar del ego es realmente tan malo, hay personas para quiénes precisamente el ego o quizás debería corregir ¿amor propio? es el incentivo para lograr una versión mejorada de ellos mismos (sin discutir en los móviles o los propósitos).
Pero ¿dónde o quién traza la línea del narcisismo con el del esfuerzo para lograr el mérito (la dictadura del siglo) ?, se trata de semántica o hay aristas muy particulares que permiten distinguir las partes más oscuras del ego.
Ahora y sin entrar a contestar lo anterior, creo los elementos negativos del ego son las conductas que tienden a reforzar patrones de comportamiento agresivos, narcisistas, fantasiosos, en este sentido el egocéntrico, lejos de reconocer su equivocación, su falta de empeño, su incapacidad para realizar una determinada labor, o el desconocimiento de una materia, prefiere exagerar sus propias capacidades, mentir o culpar a los demás, antes de reconocer, que no sabe, que está equivocado o que no tiene idea del tema discutido.
El egocéntrico generalmente levanta la voz, apunta a los demás, agrede fisca o verbalmente, en algunos casos la ilusión es tan grave que se considera infalible y es por tanto incapaz de reconocer en sí mismo los errores que claramente nota en los demás, distorsionado la realidad según su propio juicio y estándares.
En mi experiencia el egocéntrico jamás admite estar equivocado, prefiere utilizar todos los recursos disponibles a su alrededor para tamizar, desviar, o incluso apuntar a otros factores que, aunque pudieron ser determinantes en uno u otro sentido el resultado (el clima, la mala suerte, la envidia) no fueron decisivos, ahí el egocéntrico encuentra un ariete de defensa para justificar su actuación, en lugar de solo aceptar la cuota de responsabilidad por su actuación.
Uno de los sesgos cognitivos más peligrosos para el egocéntrico y para la gente que lo rodea es el efecto Dunning – Krueger, ya que la percepción ilusoria de sus capacidades (exagerando sus habilidades y minimizando sus defectos), sus acciones en consecuencia provocan cruzadas de irresponsabilidad donde por desgracia arrastra a otras personas hacia la fatalidad, la tragedia o la estafa.
Tampoco me gustaría hablar de este tema en términos absolutos, no es un asunto maniqueísta, a riesgo de sonar irresponsable creo que podríamos hablar de un sano "ego" a diferencia de la construcción artificial del "ego/egocentrismo", porque ese concepto al menos para la construcción del mundo occidental es parte de nuestro día a día, todos en un punto u otro buscamos la aceptación de las personas que nos rodean, o el reconocimiento por nuestras habilidades, conocimientos, talentos, sin duda que sí, pero todo lo anterior tiene que ir de la mano con empatía, resiliencia, la capacidad para admitir los propios errores y ser justos con las faltas ajenas.
Escribir sobre este tema fue difícil, mi propio ego me obliga a justificar su presencia, pero como suele suceder con los males necesarios, siempre es mejor controlarlos en vez que ellos nos controlen a nosotros.
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REFLEXIONES
Storie breviUna compilación de reflexiones, por el escritor Gonzalo Pérez Santos.
