MORGAN
-Perdón. Perdón. -dije con prisas mientras me chocaba con todos los estudiantes por los pasillos de la residencia. -¡Lo siento!
Miré hacia atrás para disculparme por haber empujado sin querer a una chica y seguí corriendo. ¿Cómo podía haberme quedado dormida tanto tiempo?
Desde que terminé los exámenes días anteriores, no había hecho otra cosa que dormir y dormir. El curso había terminado para todos, excepto para mí. A pesar de que cursaba en la universidad de Sydney, decidí adaptarme al horario español. Lo que significaba perderme clases en julio y agosto que luego recuperaba estudiando en diciembre y enero, que eran vacaciones de verano. No me era complicado, simplemente pedía apuntes y me las apañaba como podía. Lo positivo era que presenciaba dos veranos, tanto en Sydney como en España.
La noche anterior puse dos alarmas y aun así no logré despertarme. Cuando me levanté hacía cinco minutos, me puse de ropa lo primero que pillé y salí pitando de allí. La parte negativa es que había tenido durante la siesta el móvil en silencio y no recibí ningún mensaje.
Mientras bajaba las escaleras, puse de nuevo los datos móviles. Inmediatamente recibí una oleada de mensajes y llamadas perdidas. Mierda.
Seguro que estarían cabreados. Y como por supuesto, no iba mirando por donde caminaba, era normal que me chocase de nuevo.
-¡Ay! -grité cuando mi cabeza se estampó en el brazo de alguien.
Alcé la mirada y me encontré con la persona con más viveza que había conocido. El hombre me miró y me sonrió.
-¿¡Papá!? -a su lado una mujer también desvió su atención hacia mí. -¿¡Mamá!? ¿Qué hacéis aquí?
-¡Morgan! ¡Mi niña! -mi madre me estrujó con sus largos brazos dejándome sin apenas respiración y mi padre se unió.
-Eh... ¿no se supone que os recogía en la parada de autobús? -intenté respirar.
Me soltaron y mi madre me revisó de arriba abajo. Estiró mi camiseta y sonrió.
-Ay, ¡qué mayor estás ya! ¡Qué guapa está nuestra pequeña! -cantó en voz tan alta que algunas personas nos miraban de reojo. -¡Claro que nos tenías que recoger! ¡Pero se ve que alguien se ha echado una buena siesta!
Las orejeras me delataron. Una tímida sonrisa salió de mí. Mi padre se reía a carcajadas cuando le dije a mi madre que bajara el volumen.
-¡Habernos recogido en la parada y así no tendrías vergüenza!
-Entonces. -cambié de tema. -¿Cómo habéis venido?
No dijeron nada. Solo señalaron a la persona que estaba apoyada en la puerta principal que nos llevaba mirando todo el tiempo.
Y claro, no podía persona que él. Daryl tenía una sonrisa maliciosa clavada en sus labios.
Sentí que mi rostro se volvía rojo y mis orejas se calentaron. Dios, no lo había vuelto a ver desde aquel día que me pilló en mala racha. Cuando lo vi esa tarde persiguiéndome, tenía ganas de lanzarle algo a la cabeza. Pero estaba cansada, y en el instante que pronunció esas palabras, algo en mí se rompió.
"¿Estás bien?"
Se preocupaba en mí. A pesar de haberle dejado claro que no quería nada. No se rindió. A veces era cierto que las palabras más simples pueden activar los mayores sentimientos. Le abracé. Porque llevaba queriendo abrazarlo desde que peleamos en la playa, y luego en la librería de Carter.
Porque quería pedirle perdón por ser tan estúpida y solo vacío salía de mi garganta. Se sintió como estar en casa arropada en sus brazos, y lo mejor, que no dijo nada. Solo permanecimos allí, como semanas atrás antes de todo. Hasta que me di cuenta de que solo le daba falsas esperanzas y sentí que jugaba con sus sentimientos.
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Todo el tiempo que viví sin ti [Terminada]
RomanceHay experiencias que te marcan y no puedes evitar quedarte estancado en el pasado. Eso le pasaba a Morgan Preston, una infancia desfavorable le impedía disfrutar de su etapa universitaria. Como otro año más, llegó a Sydney para estudiar su tercer añ...
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