"¿Qué se supone que hacemos aquí?" Preguntó Aya medio resoplando mientras entraban al gran centro comercial.
"¡Vamos a ver la película de Yaiba!" Exclamó Akira emocionado sin soltar la mano de su padre.
Aya rodó los ojos poco convencida. "¿Todavía estrenan películas de Yaiba? ¿De verdad tenemos que verla?"
"Vamos no pongas esa cara que será divertido, como menos, entretenido. Solo pretendo pasar un rato tranquilo con vosotros y que tengamos una tarde en familia, ¿No dijiste el otro día que hacía mucho que no ibas al cine?" Contestó Shinichi sin soltar la mano de Akira.
"Pero no me refería a venir a ver una película infantil." Dijo removiendo el pelo de su hermano pequeño. "Este pequeño renacuajo está obsesionado con los superhéroes."
"¡Yaiba es el mejor!" Defendió el pequeño antes de que su hermana lo cargase en brazos. Se llevaban casi diez años, pero Aya siempre había estado a su lado para ver todas esas películas de héroes y villanos, una tras otra.
"Está bien, la veremos, pero la siguiente película la escojo yo." Cedió con una pequeña sonrisa a la vez que cruzaban el centro comercial para llegar al cine.
"¿Mamá no va a venir?" Preguntó el pequeño una vez empezaron a hacer cola para comprar las entradas.
"Mamá no puede venir hoy, tiene que hacer unos recados." Contestó Kudo buscando su cartera.
"Pero hoy no trabaja." Comentó Aya frunciendo ligeramente el ceño.
"¿Vais a querer palomitas?" Preguntó Shinichi cambiando de tema, haciendo que Akira empezase a asentir con fuerza. "Toma, compra tú las entradas mientras yo voy a buscarlas." Dijo entregándole un par de billetes a Aya antes de moverse al escaparate de bebidas y palomitas que tenían justo al lado.
Ese último mes, no había coincidido tanto con la pelirroja como a él le gustaría. Su departamento estaba casi saturado con la cantidad de casos todavía sin resolver que habían transferido de otro departamento, y Shiho, había tenido que alargar su horario después de que la dirección del laboratorio donde trabaja hubiese tenido que despedir a dos de sus compañeros. Era difícil combinar la crianza de una adolescente y un niño, y a la vez, intentar dar también el cien por cien en tu trabajo o pretender reconquistar un amor perdido.
Era abrumador para Shinichi en ciertos momentos, pero no dejaba de pensar en que si se esforzaba valdría la pena.
"Vaya, ¿los detectives también pasan sus días libres en el cine?" Escuchó preguntar a su espalda a una voz ciertamente conocida.
"Vaya, ¿las chicas ricas también pierden en tiempo en los cines y pasean por espacios públicos?" Contestó a cierta rubia con el mismo tono.
"Sigues siendo igual de idiota." Contestó riendo ligeramente a la vez que le daba un golpe en el brazo.
"Tú tampoco has cambiado mucho." Le sonrió esperando no recibir otro golpe. "¿Cómo has estado, Sonoko?"
"Estoy bien, Makoto y los niños también. Deberías verlos, están gigantes."
"Estoy seguro de que no los reconocería." Sonrió mirando disimuladamente a su alrededor. Sonoko no era de las personas que se presentaban en el cine para ver una película sola, estaba seguro de que estaba acompañada. "¿Están aquí Makoto y los niños?"
"Oh, no." Contestó negando con la mano. "Makoto tenía que ir a Kioto para dar unas clases de karate y han ido los tres juntos como fin de semana de chicos."
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Cuando lo que nos separó nos una
FanfictionEl miedo nos hace tomar malas decisiones o negarnos el privilegio de vivir algo por temor a las consecuencias o la incertidumbre del que pasará. Aquella noche, Kudo sintió miedo, pero se escondió detrás de la rabia poniendo punto y final a cualquier...
