SSigo sin poder dormir. Me retuerzo en la cama durante el transcurso de la noche interminable. Justo en ese momento escucho la puerta del cuarto abrir y cerrarse. Supongo que a Hayden también le está costando trabajo dormir. Trato de cerrar mis ojos hasta que todos los sonidos del universo desaparecen.
A la mañana siguiente, el celular de Hayden vibra con un mensaje de Henry para avisarnos que el Mustang está listo para recogerlo. Me visto rápido para ir al taller. Tomo mi maleta y me dirijo a la salida del hotel mientras Hayden sigue en la regadera. No hemos hablado desde anoche y sigo sin querer hacerlo. Realmente no me importa lo que piense de mi. Me abrí hacia él. Le hice saber cuales eran mis inseguridades y mis preocupaciones. Me hizo pensar que se preocupaba por mi, pero al parecer me dejó a un lado. Me lastimó demasiado y estoy avergonzada. Llegó la hora de que lo sepa. Es hora de darle una lección. Quiero lastimarlo como él me lastimó a mi. Necesito que aprenda lo que se siente ser rechazado. Estamos cada vez más cerca de Vermont. Puedo llegar hasta allí sin la necesidad de hablar con él. En ese momento, Hayden sale de la puerta con su maleta en el brazo.
— ¿Lista para irnos?
No le respondo a Hayden. En vez de eso, me doy la vuelta para cruzar la calle.
Después de haber recogido el Mustang de Hayden y después de haber desayunado, nos adentramos de nuevo en la carretera. Puedo notar a la perfección que a Hayden le está molestando mi silencio. Alrededor de sus ojos tiene unas enormes ojeras. Al parecer no durmió bien... A la mierda con el. Hayden es el que me rechazó. No me ha ofrecido ninguna explicación de su comportamiento, pero para ser honesta no quiero saberlo que le pasa, así que lo dejaré en paz. Necesito una distracción. Todavía faltan varias horas para llegar a Vermont, así que tomo un libro de mi mochila y lo abro. Durante unas horas me pierdo en la lectura hasta que siento el coche desacelerar. Hayden hace una parada en la gasolinera.
— Hay una cafetería cruzando la calle. Por si quieres comer algo. Se ve bastante elegante.
Me hago la sorda y no le respondo.
— ¿Natalie? ¿Tienes hambre?
Sigo ignorando a Hayden sin apartar los ojos de mi libro. De repente, una mano me arrebata el libro. Hayden me observa con dolor.
— ¿Tienes hambre, Natalie?
Muevo mi cabeza apartando mis ojos de los suyos. Le arrebato el libro que me quitó y vuelvo a abrir el libro para encontrar la oración en la que me quede. Lo único que deseo en este momento es llegar a Vermont lo más pronto posible. Hayden deja de mirarme y volvemos a incorporarnos a la carretera. Las horas pasan demasiado lento. Estoy desesperada por llegar a nuestro próximo destino.
— ¿Así va a ser el resto del viaje? —Hayden pregunta inesperadamente.
— ¿Así cómo?
— Sin que me hables... Sin que me voltees a ver o sin que me dirijas la palabra. —Hace una pausa incómoda.— ¿Es por lo de anoche?
Antes de responder, trato de abrir la puerta del coche, pero no se abre. Me olvidé que tiene los seguros puestos. Hayden se estira y desbloquea la manija.
— ¡Háblame, Natalie!
— ¡Si! ¡Así es exactamente como va a ser el viaje!
— ¿Por qué?
— ¡Porque necesito saber si me quieres, Hayden! ¡Si no es así, necesito que me lo digas! Por más doloroso que sea, puedo controlar mis emociones. Lo que no entiendo es, ¿por qué no me detuviste?
— ¿Crees que no te quiero? ¿Crees que no estuve a punto de morirme por haberte rechazado? Nunca he querido a nadie como te quiero a ti. Sé que no soy una persona perfecta, eso lo sé. Quiero que entiendas que no iba a tener relaciones sexuales mientras estabas borracha. No era lo correcto.
— No estaba borracha.
— Si que lo estabas. Perdiste el equilibrio más de ocho veces.
— De acuerdo... Quizá estaba un poco ebria.
— Solo un poquito.
Hayden estaciona el coche en otra gasolinera. Está vez se detuvo para que hagamos las pases. Me comienza a jalar hacia él hasta que me encuentro montada en sus caderas.
— Te quiero, Natalie. Estoy seguro de que lo puedes notar. —Su glande se estrella contra mi médula. Me agarra la cadera con fuerza. No me puedo mover. Estoy atrapada...— ¿Por qué sueño seguido contigo cuando no te he visto durante seis años? ¿Me quieres, Natalie?
Sus labios se acercan hacia los míos hasta que se tocan. Su roce hace que sienta escalofríos por todo el pecho, pero lo detengo.
— No puedo hacer esto. Eres el hermano de mi mejor amiga.
— Sé la persona que soy y sé la persona que eres. No necesito que me lo recuerdes. Lo que necesito es que contestes mi pregunta. No pienses en nadie más, solo piensa en ti.
— Si... Te quiero, Hayden.
Sus labios chocan con los míos de nuevo y rodeo mis brazos alrededor de su cuello. Nuestros cuerpos se mueven sensualmente uno con el otro. Lo que sea que es esto, sé que no puedo detenerme por más que trato. Somos como dos imanes. A cada rato nos atraemos. Hayden me quita la playera y yo le ayudo a quitarse su camisa. Arrojamos el resto de nuestra ropa a los asientos traseros. Es lo mejor que he probado en esta vida. Cada vez que me aprieta mis muslos desnudos, siento escalofríos en partes que prefiero no mencionar. No quiero parar... Así que pongo una pierna alrededor de la suya. Antes de que podamos proseguir, sacude la cabeza.
— Lo siento, Naty... No traigo protección. Si seguimos no seré capaz de resistirme.
— Tienes razón... Aparte en estos momentos no estoy tomando pastillas anticonceptivas. —Me hundo en mi asiento decepcionada. Hayden sigue acariciando mis muslos. Acerca sus labios hacia ellos y los muerde con delicadeza. Hayden mira mi expresión con una sonrisa de satisfacción en cuanto me retuerzo de placer.
— Podemos esperar una noche más hasta que encontremos una farmacia.
— Pero...
— No te preocupes. —Hayden estudia mi rostro mientras me acaricia los dedos.— ¿Estás bien?
— No... La verdad es que tengo hambre.
— Me imagino... No hemos comido durante horas. —Hayden me mira a los ojos y gruñe.
— ¿Qué?
— Nada. Solo que has de tener hambre porque alguien no quiso ir al café a comer algo.
— Estaba enojada contigo. No me puedes culpar. —Le pego en el brazo en forma coqueta. Hayden me besa en la frente antes de vestirnos de nuevo.
— Te quiero, Natalie.
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El chico que odio
RomancePara llegar a la boda de su mejor amiga, Natalie tiene que manejar desde California hasta Nueva York con Hayden, el hermano de su mejor amiga y tiene prohibido enamorarse de él. ¿Podrá volver a amarlo como antes? O ¿su mejor amiga interferirá?
