El verano antes de empezar el semestre de tercero de prepa, la familia de Carina me invitó a pasar un fin de semana en Lake Placid, una villa en Nueva York. Fueron días de pura diversión, pero al cabo de poco tiempo, la pobre Cari se enfermó. Le tuve que hacer compañía para que se sintiera mejor. Me acuerdo que su cuerpo estaba destrozado por la tos.
— Perdón por arruinar tu fin de semana, Nat. Deberíamos estar nadando en el lago y viendo a los vecinos guapos, no estar aquí atrapadas sufriendo una neumonía.
— No tienes neumonía. No seas tan exagerada... Quiero que entiendas que no arruinaste nada. Finalmente me puse al corriente con todas las lecturas que planeaba leer este verano. Me gustan los chicos románticos pero sigo estando en el equipo de Jacob. Está guapísimo y me encanta que sea un hombre lobo.
Cari soltó una carcajada y me arrojó una de sus almohadas. Su risa se convierte en un ataque de tos, así que le di un vaso con agua y la coloqué en su mesa de noche.
— Gracias, Nat. — Cari bosteza y se acomodó en la montaña de cobijas.
Bajé las escaleras y me senté en el sillón naranja cerca de la tele para seguir leyendo 'Los juegos del hambre'. Abrí el libro y miré la página por unos instantes sin leer nada. Me hundí en mis propios pensamientos y me di cuenta en lo bonito que fue alejarme de casa, lejos de los deberes, del calor insoportable y de Elijah... Pensar en él me provocaba náuseas. Apenas es mi amigo. Elijah me ha querido desde quinto de primaria. No es un secreto. Todo el mundo lo sabe porque lo anunció frente a la cafetería. Solía molestarme en la escuela para llamar mi atención. Siempre me escondía de él. No era capaz de mirarlo directamente a los ojos pero actualmente es mi novio.
Me acosté en el sillón, tratando de no pensar en él mañana. De repente, la puerta se abrió de golpe y Hayden entró caminando extremadamente derecho. Sus hombros caían ligeramente hacia atrás mientras que su cabellera rubia se mecía conforme caminaba. Su abdomen relucía bajo las luces de la sala pero inmediatamente se puso una playera blanca.
— Hola. —Dijo al mismo tiempo que se sentó en la otra orilla del sillón en la que estaba sentada y subió sus pies a la mesa del centro de la sala. Se me quedó mirando un rato hasta que me quitó el libro de las manos.— Vamos a nadar, Naty.
— Si, claro. —Dije con sarcasmo. Hayden es el único chico que me ha llamado Naty. Me puso ese apodo con mucho cariño.— No voy a ir a ningún lado, Ned. —Ese es el apodo que yo le puse a Hayden cuando tenía doce años, ya que su nombre al revés sería Nedyah, así que decidí solo utilizar Ned.
— No has hecho nada interesante durante el fin de semana, Naty.
— ¿Y? Carina está enferma para tu información.
— Oh, por supuesto que lo noté. Carina ronca como un taladro cada vez que se enferma.
— Que malvado eres. —Comenté entre risas.
— Aunque mi hermana está enferma, no significa que no podamos disfrutar nuestro fin de semana. Es nuestra última noche aquí. Nos vamos mañana por la mañana. Llegando a Los Ángeles voy a tener que empacar mis cosas para irme a la universidad y tú tienes que estar lista para tu último año de prepa.
— Buen punto... En ese caso, vamos. No quiero desperdiciar un minuto más.
— Me alegro de escuchar eso, Naty. Estaba esperando pasar mi última noche contigo. —Me ofreció coquetamente su brazo. — Prometo ser todo un caballero.
— Me sorprende que "caballero" sea parte de tu vocabulario. Antes de ir contigo, tengo que ver a Cari para asegurarme que se encuentra bien y me voy a cambiar de ropa.
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El chico que odio
RomancePara llegar a la boda de su mejor amiga, Natalie tiene que manejar desde California hasta Nueva York con Hayden, el hermano de su mejor amiga y tiene prohibido enamorarse de él. ¿Podrá volver a amarlo como antes? O ¿su mejor amiga interferirá?
