Capítulo 26

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— ¡Ya casi! Solo gira el volante un poco más. —Hayden indica.— Muy bien. Ahora vamos a enderezarla y...

Con un último movimiento, Hayden se inclina hacia el coche y empuja su Mustang cerca de la entrada de la cabaña.

— Ahora si. Pon el coche en park, Natalie.

Limpiando mi frente por el sudor, respir hondo y observo desde la ventana del coche, el sol de la tarde que se refleja en la superficie del lago.

— Esto no es exactamente como pensé que iniciarían nuestras vacaciones.

Nos bajamos del coche para entrar a la cabaña. Acto seguido siento unos brazos alrededor de mi cintura. Puedo sentir su aliento a través de mi cabello.

— Lo siento, Naty. Sé que no era el plan que esperabas para nuestro viaje de fin de semana.

— No te preocupes, Ned. —Giro mi cabeza y le doy un beso en los labios.— Sé que te encantan los viajes interminables. No puedo creer que se nos volvió a descomponer el coche. Al parecer no tenemos señal. No podemos llamar a la grúa... De nuevo me quedé atrapada contigo.

Hayden suelta unas pequeñas risas antes de mirarme a los ojos.

— Cariño... Creo que deberías dejar de hacer lo que estás haciendo... Sé que le has puesto mucho tiempo a tu Mustang y le has dado todo el mantenimiento que necesita, pero es la segunda vez que se descompone... Por alguna razón quise rentar un coche.

— Pero... —Hayden agacha la cabeza decepcionado. Con las caderas en mi mano, observo a mi novio.

— Hayden, estoy hablando en serio. Me alegra que hayas arreglado el medidor de gasolina pero, ¿ahora que está por romperse?

— Tienes razón, Naty. ¿Podemos hablar de esto más tarde? No tengo ganas de pelear. Voy a sacar la hielera y después llamaré al mecánico.

— De acuerdo.

Juntos, Hayden y yo desempacamos las cosas de la cajuela y llevamos las maletas a la cabaña. Es impresionante. La cabaña no ha cambiado nada. Sigue estando igual que hace diez años. Me gusta que los papás de Hayden no hayan querido vender la casa después del divorcio. Este lugar me trae muchos recuerdos... Hayden se encuentra sentado en la cocina haciendo una llamada.

— Gracias. Por favor dígale al conductor de la grúa que me llame mañana en la mañana para que venga a recoger mi coche. —Hayden me voltea a ver.— Era el mecánico. Dijo que mañana pueden pasar por Lucy para revisarla.

— Que bueno. —Comento. El silencio se vuelve demasiado incómodo, así que trato de cambiar de tema.— ¿Y si pedimos pizza?

— Pero trajimos cosas de comer... Puedo cocinar para ti si te sientes cansada.

— Gracias, pero creo que los dos merecemos descansar. Te la pasaste empujando el coche durante una hora.

— Insisto. Puedo hacer unas sincronizadas de jamón y queso para los dos.

— De acuerdo. Solo si no estás cansado. Mientras tú haces las sincronizadas, yo haré una ensalada.

— Perfecto.

Después de un almuerzo y de una limpieza profunda por la casa, los dos nos acostamos en el sillón de la sala. Saco un libro de mi bolsa y coloco mis pies en el regazo de Hayden, quien está leyendo un libro por su cuenta. Frunce el ceño mientras pasa su mano por su quijada. Esperaba que con el almuerzo se relajara un poco, pero sigue actuando raro. Algo lo está molestando. Me inclino hacia él y le arrebato el libro de sus manos. Parece como si hubiera tenido un deja vu. Me acuerdo de la vez que Hayden me quitó mi libro de los juegos del hambre hace diez años. Es como si el presente y el pasado se estuvieran entrelazando.

— Vamos a nadar. Iré a cambiarme. Te espero afuera.

Después de unos minutos, Hayden está en el porche sentado. Ambos nos dirigimos al lago a la orilla del muelle.

— Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que vinimos.

— Sí, pero a pesar de todo, las cosas siguen igual. Lo único que cambió son los vecinos de al lado.

— Recuerdo que eran personas agradables.

— Todas las mujeres son agradables contigo, Ned. Casi tuve un paro cardiaco cuando nos vieron juntos. Pensé que nos delatarían.

— Y aquí estamos de nuevo. —Hayden entrelaza sus dedos con los míos.

Nos acercamos cada vez más al muelle. Me detengo en cuanto reconozco la enorme rama de hace años. Este es el lugar donde comenzó todo. Cuando tuve el primer beso con el chico que pensé que odiaba, pero se terminó convirtiendo en el hombre de mi vida. Hayden me observa y ambos sonreímos.

— Ven aquí. Las estrellas están demasiado bonitas está noche.

Me acuesto junto a Hayden, apoyando mi cabeza en su pecho. Durante unos segundos interminables, me pierdo en el momento. La luna brilla como nunca antes lo había hecho. Me encanta estar compartiendo este momento con Hayden. Estoy demasiada cautivada por la magia de la noche que no logro escuchar lo que Hayden dijo.

— ¿Disculpa? ¿Qué dijiste?

— Dije que conozco a una persona que quiere comprar a Lucy, el Mustang.

— ¿De verdad?

— Si. Un amigo mío que trabaja en un negocio donde colecciona y repara autos. Me ha ofrecido varias ofertas...

— ¿Y?

— Las voy a aceptar.

— Pero amas a Lucy. Sé que fui un poco grosera contigo, pero sé lo mucho que significa ese auto para ti.

— Sí. Aunque he estado pensando en sus ofertas desde hace tiempo. Quería que este viaje fuera el último de Lucy. Y quería... —Hayden mueve los labios sin transmitir sonido alguno.

— ¿Qué dijiste?

— Un anillo. Quería comprarte un anillo.

— Espera, ¿qué?

— Quiero decir... Solo quería comprarte algo bonito. No tiene que ser un diamante o puede que sí...

— ¿Querías comprarme un anillo de diamantes?

— Así es, pero si crees que es demasiado pronto, podría comprarte un zafiro... ¿Podría ser tu regalo de cumpleaños?

— Espera... Dijiste que me querías comprar un anillo... Hayden, ¿te quieres casar conmigo?

— Esperaba que el momento fuera diferente, pero luego me empecé a preguntar, ¿por qué no hacerlo aquí? Natalie... Hicimos un viaje juntos hace cuatro años... Te dije que no nos debíamos de fijar en el futuro y dejar que las corriente nos lleve hacia donde tenga que ir, pero ahora me doy cuenta que si importa demasiado. Cada vez que despierto, lo primero que veo son tus ojos porque sé que mi futuro es contigo. Quiero llegar a casa para compartir todos mis días contigo. Quiero tener una familia contigo. Me has gustado desde la secundaria, Natalie y desde ese día nunca te he podido sacar de mi mente. Mientras estemos nosotros dos en el mundo, no hay nadie que nos pueda detener. Seremos indestructibles. Nadie me entiende como tú lo haces. Quiero estar contigo por el resto de mi vida... Así que... Natalie, ¿te casarías conmigo?

— Si, Hayden. Por supuesto.

Me acerco hacia Hayden y lo beso en sus labios finos llenas de emoción.

— ¡Gracias, Natalie! Me haces una mejor persona. Te adoro. Te prometo que te haré feliz todos los días de tu vida.

— Oh, Hayden. Ya lo haces. 

El chico que odioHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora