Respiro hondo durante varios minutos antes de bajar del coche de Hayden. Abro las puertas relucientes del restaurante y me dirijo a la mesa en la que él está sentado. Hay varias meseras cerca de nuestra mesa atendiendo a los demás clientes, pero supongo que quieren estar más cerca de Hayden, aunque él ni lo parece notar. Me dedica una sonrisa en cuanto me ve. Su boca está llena de ketchup debido a las papás fritas que ha estado comiendo junto a su hamburguesa.
— Estás completamente equivocado, Hayden. Mi novio confía en mí. Es por eso que no se preocupa de que esté contigo atravesando todo un país. —Trato de convencerlo. Las meseras escuchan la conversación a escondidas y se dirigen a la cocina. Supongo que quieren esparcir el chisme entre ellas.
— Está bien.
— ¿Está bien? ¿Es lo único que tienes que decir?
— Me alegra escuchar eso, Natalie. Es un poco sorprendente, pero eso no quita que sea un completo idiota.
— Espera, ¿qué? ¿Crees que las personas no pueden confiar en mí?
— La verdad es que no... Nadie puede confiar en ti.
— ¿A qué te refieres?
— Es muy probable que algunos de estos días duermas conmigo en mi cama... Así son las cosas.
— ¿Estás loco? ¡Eres un pervertido! Temo decepcionarte, pero me puedo controlar lo suficiente. Agradezco tu hermosa oferta, Hayden.
— No tienes porque ponerte a la defensiva. Solo estoy siendo honesto.
— Yo creo que lo que te gusta es dormir con todas las chicas que te dirijan la palabra.
— No me refiero a eso, Naty. Solo quiero que te tomes un momento para ponerte a pensar que tal vez alguno de ustedes dos va a terminar siendo infiel. Considera esa pequeña posibilidad. —La sonrisa desaparece de su rostro conforme se inclina cada vez más hacia mí con los codos apoyados en la mesa. Baja la voz hasta que se convierte en un susurro.— No creo que debería confiar en ti, ni en nadie. Eso es lo que estoy tratando de decir. No es nada personal.
— ¿Estás diciendo qué mi novio no debería confiar en mí, pero que no es nada personal? ¿Qué demonios te pasa? Creo que llegó el momento de que vayas con un terapeuta para que te ayude a trabajar con tus problemas internos. —Hago una pausa.— No quiero escuchar tus opiniones acerca de mi relación.
— Perdón por ofenderte, Naty. —Me dedica una pequeña sonrisa. No se ve nada arrepentido. No puedo con esto. Hace apenas unos minutos que salimos de la ciudad y ya lo estoy empezando a odiar. Pongo mis codos sobre la mesa, imitando la postura de Hayden. me inclino hacia el batallando para no ser intimidada por su mirada azul y fría hasta que le susurro al oído.— Siento lástima por ti.
— ¿Por qué?
— Porque es una lástima que no tengas fe en las personas.
— Tiene su ventaja. Hace que las cosas sean más fáciles.
— No entiendo.
— Cuando no crees en las personas, es menos probable que te puedan lastimar. —Baja la mirada decepcionado. Creo que estaba hablando sobre el pasado... Aunque nunca logramos resolver el malentendido entre nosotros... Los dos salimos lastimados. Ahora que lo pienso, nadie tuvo la culpa... Elijah me besó y Hayden nos vio y Hayden besó a la otra chica y yo lo vi todo. Así que supongo que estamos a mano pero siento que él solo coqueteó con la chica de tez morena para vengarse de mí. Hayden se recarga en su asiento, se aleja de mí y se levanta.— Ahora si me disculpas, tengo que hacer una llamada importante. —Sin más, sale de la puerta trasera del restaurante.
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El chico que odio
RomansaPara llegar a la boda de su mejor amiga, Natalie tiene que manejar desde California hasta Nueva York con Hayden, el hermano de su mejor amiga y tiene prohibido enamorarse de él. ¿Podrá volver a amarlo como antes? O ¿su mejor amiga interferirá?
