Todos conocían su nombre, muchos la admiraban, otros le temían y existian aquellos que la amaban.
Antes de la valentía y la gloria también había una chica con un pasado que la forjó.
"No creo que no exista ni una sola chica que no llame tu atención...
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Cuando Teagan cumplió los 16 años de vida empezó a comprender porque los adultos llamaban a los adolescentes “rebeldes". No podía negar que tenía unas inmensas ganas de gritarle a toda persona que no pensara lo mismo que ella, que quería besarse a lo salvaje con cualquier caballero que le pareciera atractivo, que quería salir y explorar las maravillas del bosque prohibido pero sobre todo quería llevarle la contraria a su padre con la intención de que ella siempre tuviera la razón.
—¿Si sabes que puedes transportar todo eso sin tener que cargarlo?—. Teagan rebasó a Hisirdoux el cuál tenía una pila gigante de libros en los brazos.
—La magia no es un atajo permitido para el trabajo duro—. Respondió con dificultad, sintió como se iba para un lado por todo el peso pero Archie lo equilibró al elevarse con sus alas.
La pelinegra rodó los ojos, si su relación con su padre ya era bastante mala no podría soportar a una versión más torpe de él, que de por sí ya odiaba.
—Papá siempre se empeña en decir eso, ¿pero cuándo has visto que haga algo sin ayuda de su bacúlo?—. Hisirdoux se quedó en silencio ante las palabras de la chica, a lo cual ella sonrió con un aire de victoria. —Igual es tu problema, solo trato de ayudar—.
—Mucho ayuda el que no estorba—. El aprendiz respondió sabiendo que la intención de su enemiga era todo lo contrario, no pudo evitar sonreír al saber que ella se sentiría ofendida.
—¿Me estás llamando estorbo?—.
—Bueno, yo no soy el que está aquí hablando con alguien que odia—.
—Por si no sabes solo estaba caminando a mis aposentos cuando apareciste por aquí. Tú eres el que siempre me persigue—. Le dedicó una rápida mirada molesta y notó como él asomó la cabeza por un lado de los libros.
—¡No es mi culpa que siempre estés en los lugares en los que yo estoy Ambrosius!—.
Archie soltó un quejido cuando comenzaron a discutir, a veces solo quería llamar a Merlin y Morgana para suplicar por ayuda, quizás ellos dos podían separar a ese par de bestias salvajes. Descartó esa idea cuando recordó la última vez que recurrió a ellos, terminaron discutiendo mientras sus aprendices hacían lo mismo.
—¡Idiota!—.
—¡Inepta!—.
Teagan no estaría satisfecha con solo caminar más rápido y dejar a Hisirdoux atrás, así que pronunció un hechizo en voz baja y uno de los ladrillos de piedra que cubrían el piso se levantó, Hisirdoux tropezó y todos los libros se regaron. Se escuchó un fuerte golpe, insultos y ofensas que Archie no logró descifrar.
—¿Pero qué está pasando aquí?—. Merlin apareció por una puerta, con la mirada molesta y buscando el origen de aquel ruido.
Se topó a su aprendiz tendido en el piso mientras se reía de su hija, la cual estaba sentada al lado de un montón de libros mientras se sobaba la cabeza y soltaba unas palabrotas que sin duda Morgana le había enseñado. Le brindó una mirada cansada a Archie el cual negó como si no hubiera otro remedio, así que en un chasquido ya les había colocado unos bozales a los adolescentes. Teagan comprendió que debería de razonar más como molestar al chico sin que ella también saliera perjudicada.