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Una vez más, y como todos los días, Minho despertó, sin realmente ganas de haberlo hecho.

Pero hoy tenía deberes que hacer. No iba a permitirse seguir llorando todos los días por alguna nueva situación con su madre, y se negaba a continuar sonriendo nada más para evitar llamados de la atención.

Iba a colocar un final a su sufrimiento propio, y al de su madre por tener que soportarlo cada día. Iba a largarse de la casa que durante tantos años lo acogió, por un bien común.

Podía dolerle, podía quemarle el corazón el simple pensamiento de abandonar el lugar donde tantos años vivió y no sentir la necesidad de volver a colocar un pie allí, pero sabía con claridad que no llegaría a ningún lugar fingiendo un sentimiento que no poseía, si seguía viviendo de la misma manera.

Así que sin más, se dedicó a realizar la misma monótona rutina de cada día. Camisa, pantalones, abrigo, zapatos y bufanda; algo de desayunar y no necesitaba de nada más para emprender camino a la universidad.

Esperó frente a la puerta a que Jisung estuviera listo para salir, y al cabo de algunos minutos salieron de la casa, dirigiendo automáticamente sus pasos hasta la ubicación de la universidad.

El frío ambiente no colaboraba contra los espasmos de nervios que Lee eventualmente tenía, razón por la que ambos tuvieron que esconder mitad de sus rostros entre sus bufandas para tratar de resguardarse de la baja temperatura, sin realmente lograr demasiado, y eso siendo expuesto por el color carmín esparciéndose en las narices, mejillas y orejas de ambos chicos.

Contando con mucha suerte, ese día compartían algunas de sus clases, por lo que la misión de Han sobre ayudar al castaño a olvidar la razón de sus nervios no era tan complicada de llevar a cabo.

Las clases comenzaron, una a una cansando más sus mentes que la anterior; llegando al punto donde Minho simplemente decidió dormir durante toda la última clase, importándole poco perder el tema.

Y lo hizo, durante toda la hora y media dentro del salón, intentó recuperar el descanso que había omitido la noche anterior. O al menos, así fue, hasta que despertó con la sensación de alguien aplastando y jugando con sus mejillas.

— Min.— Recibió solamente un pequeño gruñido de parte del menor.— Bebéeee.— Ante el nuevo llamado, Minho introdujo su cabeza incluso más entre sus propios brazos.— Despierta o te lanzo un cuaderno.

— Estoy vivo.— Levantó la cabeza de sus brazos al mismo segundo, aún sin poder abrir sus ojos correctamente.

— Sé que odias historia, amor, pero ya se acabaron las clases.— Reía incrédulo al observar a Minho tratando de comprender las palabras y haciendo su mayor esfuerzo por no volver a dejar caer su cabeza sobre la mesa.— Comamos algo y luego vamos a tu casa.

— ¿Ir a mi casa para?

— Para pegarte la cabeza al cuerpo. Párate.— Jisung se levantó de su silla, esperando que Minho hiciera lo mismo, más, tuvo que agarrar uno de sus cuadernos y subirlo al aire en forma de amenaza cuando escuchó el fingido lloriqueo de Minho. Sin embargo, no contaba con que el menor cayera de la silla del susto. Han rápidamente dejó el cuaderno dentro de su bolso y levantó sus manos ante el chico en el suelo para demostrar su inocencia.

— Ya estaba despierto. No hacía falta la violencia.— Dijo con voz suave y ronca, aún sentado en el suelo, cerrando con fuerza sus ojos en busca de sacudir su pereza. El menor rió nuevamente ante la tierna imagen.

— Toma, guardé tus cosas mientras estabas ocupado soñando conmigo.— Ofreció el bolso ante el castaño, esperando pacientemente que lo tomara mientras el nombrado lo veía directamente a los ojos con falso odio en su mirada.— Me amas, lo sé.— Le guiñó un ojo y le lanzó un beso a la distancia, mostrando una sonrisa burlona que no saldría de su rostro con facilidad.

—No sé cómo te soporto a veces.— Con notable lentitud se levantó del frío suelo y tomó la mochila, colocándola en uno de sus hombros y entrelazando suavemente sus dedos con los del rubio. Este aceptó orgulloso la acción, y dejó un piquito en el dorso de la mano de Lee mientras salían de la vacía aula de clases. El menor sonrió pequeño sin apartar los ojos del camino.

Al salir de la universidad, se dirigieron a un restaurante y almorzaron rápidamente, para nuevamente volver a girar su rumbo hasta la vivienda del menor. Sacaban uno que otro tema de conversación para no dejar que el miedo de lo que podía llegar a suceder abarcara sus mentes antes de tiempo.

— No entiendo como te puede gustar la pizza con piña.— Dijo Han, realizando una mueca de disgusto.

— En unos minutos tal vez mi mamá acabe conmigo, pero estoy completamente dispuesto a discutir mi punto. La pizza con piña siempre será la mejor.

Reconocía que Minho lo había dicho en forma de broma, pero aún así, Han no podía evitar preocuparse completamente por el chico a su lado. Incluso tratando de hacer chistes acerca de la situación, su voz se quebraba y temblaba.

—Todo saldrá bien, lo prometo.— Tomó la ligeramente más pequeña mano del castaño, y dejó un leve apretón allí.

— No deberías prometer nada, Ji.— Jisung se sentía mucho más que culpable al notar la pequeña sonrisa bañada en tristeza que el menor había dejado ver.

No habían entrado en cuenta de lo cerca que estaban del lugar, hasta que se encontraban justo frente a la puerta. La respiración de ambos se detuvo, y lentamente Han empezó a soltar su agarre en la mano del mayor.

— Mucha suerte, mi amor.— Finalmente, unió sus labios con los del castaño, acunando ambos lados de su cara casi con desesperación. Se separaron e hicieron un fijo contacto visual, lágrimas amenazando en salir de los almendrados ojos del más bajo. No querían hacer esto, pero debían.

Jisung estaba decidido a dirigirse a la parte de atrás de la casa, cuando dentro de la casa escuchó el sonido de algún material de vidrio romperse. Se giró a ver a Minho, pero ambos fueron tomados por sorpresa al escuchar el nuevo ruido, ahora siendo incluso más consumidos por el terror.

¿Por qué el padre de Minho había gritado de esa manera tan desgarradora?

smile for them // hanknowHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora