El resto de la madrugada no pudo dormir, sentía una especie de vergüenza al haber pasado toda la noche al lado de Tomoe, más bien en sus brazos. En algún punto de la noche él se había quedado dormido, pudo comprobarlo al sentir el vaivén lento de su respiración, no quiso moverse para no despertarlo y algo dentro de ella cosquilleaba travieso.
Estaba segura que tenía las mejillas coloreadas por el bochorno.
Cuando amaneció el calorcito de los rayos de la mañana la hicieron zafarse del agarre del kitsune y no pudo evitar enternecerse al ver lo sereno que se veía, su rostro reflejaba una paz tan profunda que Kagome solo sintió más cosquilleos en el estómago.
Decidió salir de la cueva y escuchó el trinar de los pájaros.
Ni siquiera parecía que anoche se había quedado dormida gracias a la desdicha que embargaba en su corazón. Era como si algo la hubiera protegido durante esas horas de sueño e internamente agradeció a Tomoe, mientras la abrazaba él cuidó de sus sueños. No hubo pesadillas, no hubo llantos, era como si algo dentro de ella rejuveneciera.
Pero la alegría que la embargó, así como llegó se fue al caer en cuenta que tendría que ver a InuYasha. Sus ojos se cristalizaron un poco y apretaba los puños al recordad aquella entrega entre el hanyou y su antecesora.
—Tienes que ser fuerte, Kagome—se dijo así misma y giró el cuello para ver la figura tranquila del zorro, pero se alarmó cuando Tomoe ya no estaba en el mismo lugar.
—Debemos regresar—a su espalda llegó la voz aterciopelada del kitsune, no supo porque pero todo el vello de la espalda se le erizó—. ¿Todavía estas mal?
La miko se giró para mirarlo directamente, claro que todavía estaba afectada y recurrió a una autoprotección de negación—. Fue una pesadilla... todo lo que pasó anoche fue un mal sueño. Soñé que Kikyo e InuYasha...
Tomoe miró a la joven, analizándola con mucho cuidado respecto a lo que estaba diciendo y se quedó helado al verla. Aunque no lo dijera le afectaba muchísimo que alguien como ella sufriera de esa forma y por culpa de un maldito hibrido, sintió asco cuando el aroma de huesos y barro invadió su nariz, supo que aquella mujer tan parecida a su ama era un cadáver andante.
Cuando vio a la chica ahogarse en sus lágrimas tuvo ganas de asesinar a InuYasha, si antes ya lo aborrecía ahora no podía verlo sin querer molerlo a golpes. Sus liláceos ojos se posaron sobre la azabache que seguía negándose todo lo que había visto la noche anterior, estiró su mano con cuidado y posó sus dedos en los labios cerezas con suavidad. Todo su ser vibró al tocar la piel de la chica.
Ella dejó de hablar cuando el kitsune acarició con dedicación su boca, todo su cuerpo tembló ante delicada caricia, los ojos se le dilataron un poco cuando él hizo un poco de presión en sus labios mientras la miraba con mucha atención. Sentía como las orejas comenzaban a ponerse calientes... se estaba sonrojando como la adolescente inexperta que era. ¿Por qué? Tomoe hacía cosas que la descontrolaban por completo, desde que lo conoció él había tomado la decisión de servirle y apegarse a ella... alguien la necesitaba. Y se sentía bien, era... lindo.
—¿Q-qué ha-haces?—preguntó en un estado de sopor, se había creado entre los dos una atmosfera tan cálida, tentadora.
—Olvídalo, Kagome... déjame ayudarte a sanar tu corazón—pidió el kitsune, envuelto en esa misma atmosfera tan cautivadora. No había retirado sus dedos de los labios de la miko y varias descargas eléctricas alimentaban a su bestia interna que brincaba de gusto al tener a la chica a escasos centímetros de él. Quería tomarla por la cintura y devorarle esos labios de color cereza, el perfume de la muchacha lo volvía loco.
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Bajo los Cerezos| CROSSOVER| Tomoe&Kagome CANCELADA
FanfictionA veces el destino suele ser muy cruel. Te pone trabas e incluso hace que el camino de Kagome Higurashi termine al lado del zorro mágico Tomoe. ¿Podrá Nanami recuperar a su amado kitsune? ¿O InuYasha podrá aceptar que Kagome lo ha olvidado? Naraku...