Una suave brisa meció sus cabellos, la noche había caído sobre sus cabezas.
Kagome había decidido salir a caminar a solas, tenía muchas sensaciones encontradas para ese momento y no sabía que pensar. El clima cálido de esa noche, la consolaba solo un poco.
Todavía estaba muy presente el suceso de ese día...
Un monstruo milenario y la gran sincronía con la que había podido pelear al lado de Tomoe.
—Con InuYasha, solo soy un estorbo—se dijo a sí misma mientras caminaba por los terrenos del templo de su familia, soltó un suspiro al levantar la mirada y encontrarse con la luna, hermosa y brillante. Las estrellas eran casi nulas por la iluminación de la ciudad y añoró regresar al Sengoku.
Sus pies la llevaron inconscientemente hasta el Goshimboku. Se quedó mirando el imponente árbol y observó con atención la marca en el tronco, misma dónde InuYasha había sido sellado... el lugar dónde se había enamorado de él.
—¿Qué te está pasando, Kagome? —se preguntaba una y otra vez.
Después de haber derrotado a ese tsuchigumo, había sentido una emoción desconocida al estar con el kitsune, él había confiado en ella y todas sus habilidades... se sentía rara con respecto a todo. Estaba segura que seguía amando incondicionalmente al hanyou al otro lado del pozo, pero Tomoe venía a descontrolar todas sus emociones.
Quiso acercarse más al árbol para acariciar la madera, pero titubeó cuando su mano estuvo por hacer contacto.
¿Qué significaba?
—Kagome—se sobresaltó cuando escuchó la grave voz de Tomoe a sus espaldas, inmediatamente alejó la mano del Goshimboku y se giró sobre sus talones para encontrarse con el kitsune.
Algo vibró dentro de ella al verlo siendo iluminado por la luz de la luna, su piel parecía de porcelana y sus cabellos plateados de seda fina, sus ojos púrpuras brillaron contra la iluminación del satélite y un aura de misterio lo envolvía esa noche. Durante todo ese tiempo, Tomoe la descontroló, sus mejillas se sonrojaron al poner atención en cada uno de los detalles del kitsune, él estaba de brazos cruzados ocultando sus manos dentro de las mangas del obi tradicional que utilizaba. Para ese momento, no era necesario que él ocultara sus rasgos de youkai y sus orejas puntiagudas también se veían iluminadas por la blanca luz.
—¿Sí?
—Tu madre me mandó a llamarte—dijo con tranquilidad—. La cena ya está lista.
—Gra-gracias—dijo sin saber que más agregar.
Ambos, habían estado un poco callados durante el resto del día.
La joven sacerdotisa había regresado a su salón de clases para terminar el examen de matemáticas y por curioso que pareciera, aprobó con una calificación aceptable. Después fue acechada por Eri, Yuca y Ayumi respecto a su repentina desaparición durante el sismo, había alegado que se había ocultado en los baños hasta que todo se calmó.
Para ellas fue suficiente y la llenaron de mimos por considerar su acción tierna, incluso la asediaron con preguntas referentes a su novio violento. Y al finalizar el día, a unas cuadras bajo la sombra de los árboles, Tomoe la esperaba para regresar a casa. No habían cruzado palabra durante todo el trayecto en el metro o mientras subían escaleras hacia el templo... nada...
—Nunca había tenido la necesidad de probar comida humana, tampoco me interesaba, sin embargo... —el kitsune se quedó callado cuando a su mente llegó un recuerdo muy nítido, sintió una pinchazón en la sien cuando quiso recordar y todo se distorsionó dando paso a un recuerdo modificado en donde él preparaba alimentos para Kagome.

ESTÁS LEYENDO
Bajo los Cerezos| CROSSOVER| Tomoe&Kagome CANCELADA
Hayran KurguA veces el destino suele ser muy cruel. Te pone trabas e incluso hace que el camino de Kagome Higurashi termine al lado del zorro mágico Tomoe. ¿Podrá Nanami recuperar a su amado kitsune? ¿O InuYasha podrá aceptar que Kagome lo ha olvidado? Naraku...