Kim seokjin y Jeon jungkook son ex esposos desde hace 4 años y ambos comparten la custodia de sus dos hijos.
Después de 6 años de casados y de ver que su matrimonio no funcionó, deciden separarse y llevarse bien por el bienestar de sus hijos, pero d...
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El sonido del despertador lo sacó de su dulce sueño. La luz que entraba por la ventana, a través de las delgadas y aterciopeladas cortinas blancas, se reflejaba sobre su rostro. Dejó de lado el cansancio causado por el desvelo de la noche anterior. Miró la hora en el reloj: marcaba las 6:30 en punto de la mañana.
Se levantó de su cómoda cama, estirando sus adoloridas articulaciones. Entró al baño e hizo sus necesidades. Al salir de su habitación, giró a la izquierda y caminó hacia la habitación que se encontraba a solo unos cuantos pasos de la suya.
La puerta estaba entreabierta. Se adentró en la habitación, donde solo una tenue luz la iluminaba. Fue directo a las ventanas y recorrió las delgadas cortinas, iluminando por completo el lugar.
Se giró hacia la cama, donde un pequeño bulto se encontraba entre peluches y almohadas de un color verde brillante que prácticamente dominaba toda la recámara. Se acercó y sacudió suavemente el bulto.
—Wonnie —susurró cerca de su pequeña oreja—. Cariño, es hora de levantarse.
El pequeño bulto se quejó y se retorció entre las cobijas.
—Vamos, tienes que vestirte y bajar a desayunar antes de irte a la escuela —dijo, alejándose y dirigiéndose hacia la puerta.
Se detuvo al no escuchar movimiento alguno. Suspiró y habló en voz un poco más alta:
—¡Oh! Recuerda que después de la escuela papá los llevará a comer pollo frito.
En seguida se escuchó el crujido de la cama. Las almohadas y peluches cayeron al piso y una pequeña y despeinada criatura salió de entre las cobijas.
—¿También helado? —preguntó con un hermoso puchero que siempre lograba enternecerlo.
—Claro, helado también —suspiró y sonrió—. Ahora apresúrate; estaré preparando el desayuno.
Se fue después de escuchar un somnoliento "sí, papi". Se dirigió a la habitación de al lado, cuya puerta estaba casi completamente abierta. Entró y abrió también las cortinas.
La habitación rebosó de luz gracias al hermoso color amarillo pastel de las paredes. Su pequeño odiaba la oscuridad, y ese color iluminado era perfecto para su recámara.
Se acercó a la cama y movió a su pequeño suavemente, susurrando cerca de su oído.
—Binnie, amor, ya es hora de levantarse.
Lo vio removerse y aprovechó para acariciar su cabeza, que asomaba entre las cobijas.
—Estaré preparando el desayuno.
—Okey, papi... —respondió el pequeño con voz adormilada.