El regreso de Severus Snape

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El Regreso de Severus Snape


Por la mañana, Harry mandó llamar a Dobby para pedirle que llevara el desayuno para ellos dos, le preocupaba no haber pensado en eso la noche anterior y se culpaba por su descuido.

— Lo siento, Severus, de verdad lo siento mucho. —se disculpó mientras esperaba el regreso del elfo caminando ansioso de un lado a otro de la habitación—. No sé cómo no se me ocurrió que debías tener hambre luego de pasar tanto tiempo en ese horrible sótano... ¿me perdonas?

— No tengo nada que perdonarte. —aseguró sonriente—. Si hubiese tenido hambre entonces te lo hubiera dicho, Harry.

— ¡Pero yo debo cuidarte ahora, y no importa que no tengas hambre, debes alimentarte!

— Ven.

Severus extendió su brazo y Harry corrió a su lado aceptando su abrazo que le daba a pesar de las limitaciones en sus movimientos.

— ¿Quieres hacerme el favor de no tratarme como un niño? —le pidió cariñoso—. Necesito a mi lado a mi pareja, no a una nana.

— Intentaré no portarme así, pero déjame cuidarte, Severus... por favor.

— Bien, después de todo sólo será por hoy. Mañana es lunes y tendrás que irte a tus clases, no quiero que pierdas ni un solo día.

— Sobre eso... —empezó sonriéndole nervioso—... pues, no tienes que preocuparte. Yo, es que, desde hace tiempo que no tomo las clases.

— ¿Qué estás diciendo?... ¿Cómo que no asistes a clases? ¿Desde cuándo?

— ¿Eso qué importancia tiene?

— ¡¿Desde cuándo que no vas a clases, Harry Potter?! —le reprendió molesto y preocupado.

Harry se incorporó y retrocediendo tímidamente, quedó sentado en el otro extremo de la cama abrazado de sus piernas, asustado de ver de nuevo frente a él a su temible Profesor de Pociones.

— Desde... desde que...

— ¡Harry, por Merlín! —exclamó comprendiendo la situación—. ¡Has estado casi cuatro meses sin clases!

— ¡Nadie quería enseñarme lo que yo necesitaba saber! —se defendió—. ¡No me iba a servir de nada aprender cómo transformar una bombilla en un clavel, es estúpido!

— ¡Eso te enseñaba cómo convertir algo inorgánico en orgánico, Harry!... ¡¿Es que acaso sabes hacerlo ya?!

— No, pero...

— ¿Sabes hacer una poción desvanecedora?

— No, pero...

— ¿Y sabes invocar el encantamiento localizador de magia?

— No, pero...

— ¿Pero qué, Harry? —preguntó fatigado frotándose el puente de la nariz.

— ¡Pero puedo invocar Cruciatus muy intensos, tú viste, y viste el maleficio que le envié a esa mierda de Lucius, y tengo muchas más muy bien dominadas! ¡Incluso puedo hacer Imperius, embrujos desmembrantes, quemadores de almas, torturas invisibles, trituradores de...!

— ¡Basta! —pidió Severus, más alarmado por una nota de emoción en la voz de Harry que en aquellos horripilantes hechizos—. ¿Quién te ha estado enseñando eso?

— Yo solo. —respondió con orgullo—. He sacado libros de la sección prohibida de la biblioteca y de ahí los aprendo.

— ¿Pero quién te dejó entrar ahí a aprender eso?

Al calor de tu amorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora