Adiós al miedo

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Adiós al miedo


Harry se encontraba sentado frente a la chimenea, las llamas lucían empañadas por las lágrimas que resbalaban por su rostro sin descanso. Aún no podía creer que esa mañana creía que ese paseo sería divertido, y ahora estaba ahí, esperando la hora para partir rumbo al funeral de un chico que casi no conoció y que aun así, sacrificó su vida por amor.

A unos pasos, Severus terminó de colocarse su capa de viaje, iba a decirle que ya podían irse pero la enorme tristeza en los ojos verdes le preocupó.

— Sé que duele, Harry, pero Albert no hubiera querido que lloraras tanto... él te amaba, lo sabes ¿verdad?

— Por eso duele más. —respondió entre sollozos—. Nunca me di tiempo ni siquiera para ser su amigo y él siempre estuvo al pendiente de mí, Severus.

— Él sabía que sus sentimientos no eran correspondidos y se había resignado a eso, era feliz, Harry, viéndote feliz.

— ¿Cómo puedes decir eso?... seguramente le hice sufrir mucho, Sev. En su lugar, yo no sé qué habría hecho.

— Cuando me quedé solo con él, me dijo que se alegraba que te fueras a graduar con ellos, y vi en sus ojos la sinceridad de un amor. No fue un comentario banal, él era feliz por ti, y quiso que siguieras siéndolo.

— ¡Quisiera haber hecho mucho más por él!

El triste lamento de Harry conmovió a Severus, y ayudándole a levantarse, él se sentó en el sillón para acomodarlo posteriormente sobre sus piernas. Harry se acurrucó en su pecho y lloró en él, reconfortado por las cálidas caricias de su pareja.


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Esa noche, durante el funeral que se llevó a cabo en la residencia de la familia de Albert, al que acudieron todos los Ravenclaw y algunos otros de diversas casas, Harry se mantenía alejado junto con Severus. Desde su lugar veían como Draco recibía todas las muestras de apoyo de sus amigos, e incluso de los padres y los familiares del chico.

El rubio lucía devastado, a pesar de su actitud estoica y altiva, sus ojos brillaban de lágrimas al ver el lujoso ataúd que contenía el cuerpo de Albert. Cuando volteó y vio a Harry oculto tras las sombras, se puso de pie para acercarse a él. En un principio, el ojiverde se aferró más al brazo de Severus, temiendo que el rubio llegara a reclamarle sobre lo sucedido, bajó la mirada apenado.

— Ven. —dijo la quebrada voz de Draco.

Harry levantó la cara y se encontró con la mano de Draco extendida hacia él. Le alivió notar que no había ningún rastro de rencor en los ojos grises, y gracias a un empujoncito de Severus, se animó a tomar la mano y caminar con él hacia donde se encontraban los padres de Albert. Ellos, al verlos, fijaron su vista en Harry, los sollozos de la señora se hicieron discretamente más audibles.

— Él es Harry. —les dijo Draco.

— Yo... lamento mucho lo sucedido con su hijo. —aseguró Harry bajando la mirada.

— Así que... tú eres el famoso Harry Potter.

El comentario del señor Baker preocupó al ojiverde, no le gustaba llamar la atención por la fama que había hecho su nombre, era imposible sentirse cómodo con eso.

— Mi hijo hablaba mucho de ti. —continuó el hombre, su tono amable en su voz, confortó a Harry quien se animó a mirarlo a los ojos—. Muchas gracias por venir.

Al calor de tu amorHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora