Capítulo 16

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—Entonces… —Conrad le da un sorbo a su malteada y la regresa a la mesa para prestarme atención— ¿Desde cuándo te gusta Ambrose?

—Oh, no —me río, sacudiendo la cabeza—. No vamos a hablar de ello.

Estamos en una acogedora cafetería en el centro de la ciudad. Hemos terminado con la cristalería y todavía nos queda tachar los licores de la lista, pero antes del anochecer, las invitaciones ya deberían estar listas, junto con la lista de regalos y tendrían que haber sido enviadas. Imagino que Conrad ayudará a su hermano a que lleguen mucho más rápido a los invitados, tomando en cuenta que son demasiadas personas.

—¿Por qué no?

—Porque una cosa es que lo adivinaras y otra muy diferente es hablar de ello como si fuese cualquier cosa —sacudo la cabeza, pero es sólo porque esto se siente un poco surrealista—. Es incómodo sólo recordar que lo sabes.

—Ya prometí que no diría nada —me recuerda, mirándome fijamente—. ¿Desde cuándo te gusta? ¿Al mismo tiempo que tu hermana?

Sacudo la cabeza, no puedo evitar lucir un poco alarmada. Y no debería responder, pero se siente ligeramente ofensivo que pueda pensar en la posibilidad de que yo me fijara en Ambrose cuando comenzó a salir con Sophie, precisamente.

—Me gusta desde el primer día que llegué a la agencia.

Conrad suelta un silbido. Lo sé.

—Eso es mucho tiempo —dice, vagamente, como si estuviera analizando mi respuesta. Luego, un poco más consciente, agrega—. ¿Cómo es que nunca le dijiste lo que sentías?

Bueno. Supongo que lo estamos haciendo ahora.

Yo sola me he metido en esto. De todas maneras, siempre puedo ser cautelosa con mis respuestas.

—Creo que una siempre espera que sea el chico quien dé el primer paso —reconozco—. De todos modos, somos jefe-empleada. Quizás nunca lo hizo por eso o porque simplemente nunca llegó a notarlo.

—O porque es un idiota —sacude la cabeza, como si realmente le indignara que su hermano y yo ahora mismo no estemos juntos—. Yo lo supe con sólo un par de gestos. Ambrose tuvo que haber notado tu interés en él y simplemente no hizo nada. Lo que no entiendo es porqué.

—Porque no soy su tipo.

—Tú eres el tipo de cualquier hombre, Anya —le da otro trago a su bebida. Dios santo, este hombre es capaz de hacerte sentir bien incluso en conversaciones tan jodidas como esta.

Soy completamente consciente que no siempre vamos a ser del gusto de otras personas. Ahora mismo, la situación es ideal. Tengo a un Doyle que no me mira ni un ápice de interés sexual o emocional, y otro que se me muere por abrirse paso entre mis piernas. Y está bien. Quiero decir, lo de no gustarle a todos, porque de todos modos vas a gustarle a alguien, en alguna parte del mundo.

Por más atractivo que seas, nunca lograrías gustarle a todos, y eso está bien.

—¿Sabes qué creo? Que tu hermana es preciosa, no puedo negarlo. ¿Pero tú? Válgame, Anya. Eres un mujerón.

Bajo la mirada a mi café, un poco avergonzada. Por primera vez me siento de esa manera con Conrad, pero es sólo porque no quiero que exagere con sus halagos sólo para hacerme sentir bien. Y puede que quizás porque no suelo escuchar esas cosas todos los días. Aunque algo me dice que no sería capaz de hacer eso, ya saben, lo de mentir para convivir. Es honesto la mayor parte del tiempo. Cada palabra que sale de su boca siempre se siente real. Incluso ahora.

—No necesitas hacer eso

—¿Hacer qué?

—Todo eso —le digo—. Es lo que siempre dicen

Todas esas cosas que nunca me atreví a decirDonde viven las historias. Descúbrelo ahora