—Oficialmente señora Doyle.
El tapón de la botella de champán sale volando antes de la explosión que hace la espuma. Me río tirada en la cama de como Conrad mira el desastre que ha hecho.
—Que Christina no te escuche decir eso —me pasa la copa servida y le doy un trago. Conrad comienza a aflojarse la corbata y a quitarse los zapatos—. Le caigo muy bien y creo que estoy bien con eso.
—Si hay alguien que entiende que tenerla de enemiga no es conveniente, Annie —choca su copa con la mía, le da un trago y agrega—, ese soy yo.
Nos hemos casado.
La boda ha sido demasiado perfecta como para haber sido verdad, saben. Se sintió extraño planear mi propia boda sin ayuda, porque vamos, soy wedding planner, ¿por qué gastaría dinero en ello? Aún así, el día que terminé de arreglarlo todo, quise volver a empezar sólo porque el proceso fue gratificante.
Conrad no se apartó de mi lado en el proceso, lo cuál explica porqué las cosas salieron bien, y también tuve la ayuda constante de Carrie. De Carrie y de Marshall que ahora viven juntos y se acaban de enterar que tiene dos meses de embarazo.
A veces se siente como si han transcurrido quince años y no dos. La vida cambia mucho en cuestión de meses.
—¿Quieres quitarte el vestido?
Me bebo lo último de la copa y lo dejo en la mesita de noche.
Hemos pagado una suite en un hotel refinado de la ciudad. Es, verdaderamente, un sueño. Estaremos hospedados por tres días antes de salir de viaje directamente hacia Costa Rica, a pasar nuestra luna de miel ahí. Por ahora, nuestra noche de bodas será en esta habitación de ricachones, pero no me importa mucho. Ni siquiera estoy impresionada, y es sólo por lo mucho que ansío que mi marido me folle como su ahora esposa.
Pero antes…
—Tengo que hacer algo primero —le doy la espalda—. Ayúdame con los broches.
Una semana después de que Conrad me propusiera matrimonio, hace más o menos un año, supe que recuperó los recortes del vestido de mamá. Fue un alivio que Sophie dejara su vestido con mi padre, de ese modo Conrad y yo pudimos repararlo, y aunque no es el mismo sentimiento, sigue siendo el vestido de mamá. O al menos una réplica sumamente exacta a él.
—Espera —murmuro. Está besándome los hombros ahora mismo. Esta desesperado por desnudarme y provechando que no llevo sostén esto podría arruinar mi sorpresa—. ¡Conrad!
—Vamos, Annie —se queja—. Déjame continuar.
—Te tengo una sorpresa y si no me dejas ir entonces te vas a arrepentir, te lo aseguro.
Eso lo detiene.
Me subo el vestido a su lugar hasta cubrirme toda de regreso. Bueno, no es como que no haya visto mi cuerpo desnudo antes, vaya que sí, pero no quiero tentarlo. Ya ha sido difícil detenerlo, tomando en cuenta que lo único que quiero ahora es que me haga el amor hasta que su cuerpo no dé para más, y el mío tampoco.
—Espera aquí.
Una semana antes de la boda, Carrie llegó al apartamento con una linda bolsa de regalo. Conrad estaba trabajando y yo tenía libre para terminar con los últimos detalles. Fue entonces cuando vi lo que había adentro. Un diminuto juego de lencería para la noche de bodas, blanco. Una preciosa tanga de encaje con un corsé que me hace parecer una o dos tallas de sostén más grande y que entalla la cintura sólo un poco. ¿Y las mallas? Bueno, puede que sea lo más perverso de todo el conjunto, porque son sumamente inocentes.

ESTÁS LEYENDO
Todas esas cosas que nunca me atreví a decir
RomansaAnya, una joven planeadora de bodas, se niega a ayudar en la boda de su hermana, quien está por casarse con Ambrose, el hombre que ella ama en secreto. Luego de que no tenga más remedio que aceptar, se verá obligada a planearlo todo mano a mano junt...