Capítulo 21

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Cuando cierro la puerta de mi apartamento, espero que todo lo que he retenido en el camino simplemente decida salir, pero sigo teniendo un nudo en el pecho y una opresión tan fuerte en la garganta que me molesto todavía más. Estoy furiosa. Tan furiosa que podría gritar y tirar cualquier cosa contra el suelo, pero no vale la pena que monte una escena por una persona tan egoísta como Sophie.

Inmediatamente pienso en papá, ¿Lo sabía? ¿Sabía que Sophie haría esto y no me lo dijo? Y si lo sabía, ¿cómo demonios pudo haber estado siquiera un poco de acuerdo? Me duele pensar que no le importó pensar un poco en mí. Haberme avisado habría estado mínimamente bien. Un oye, Ann, a tu hermana le importa un carajo tu sentimentalismo por el vestido, así que lo destruirá, habría bastado, mas no habría sido suficiente. Y no olvido que estaba al tanto, si es que contamos la comida cuando papá le dio el vestido a Sophie. ¿Pero los cambios que vi ahora? Ni siquiera era el vestido de mamá. Era un vestido completamente diferente.

Abro la llave de la pileta y me empapo la cara para que apacigüe mi enojo. No funciona. Y temo que absolutamente nada más lo hará. Siento que mi rostro arde.

El celular me timbra en el bolsillo. Es una llamada, pero no la tomo. Sólo lo reviso cuando el tono predeterminado que tengo para Carrie aparece.

Carrie♡: ¿Esa perra hizo qué? Voy a matarla.

Carrie♡: Estoy tan furiosa ahora. ¿Dónde estás? ¿Quieres que te llame?

Carrie♡: ¿Vendrás al trabajo?

Sólo soy capaz de responder a ese último con un seco y resumido:

Yo: No.

Carrie me responde con emojis tristes y un mensaje largo que no leo, pero que podría apostar a que es sólo ella dándome ánimos.

Estoy por meterme el celular en el bolsillo trasero cuando el nombre de Ambrose aparece. Me sorprendo a mí misma rodando los ojos por el fastidio que me da ver su llamada.

Demonios.

—Annie, hola —su alegría me hace punzar las sienes. Me duele la cabeza ahora mismo—. Sophie me ha dicho que acaban de verse en la boutique, ¿cómo ha sido?

¿Qué cómo ha sido? Ha sido una completa mierda.

—¿Te molesta que falte al trabajo? —ni siquiera me importa saludarlo. Sólo quiero que la llamada se termine lo más pronto posible.

Mi pregunta al parecer lo toma con la guardia baja porque titubea.

—¿Estás enferma?

—Migraña —respondo, apretandome el puente de la nariz.

—Supe que se quedaron varados y se hospedaron en un hotel —una risa irónica se me escapa. Es un alivio haberle hecho caso a esa voz molesta en mi cabeza—. Lo siento, Ann. Has de estar estresada. ¿Necesitas esta semana? Tienes vacaciones acumuladas, puedo dártela si quieres.

La oferta es tentadora, no lo voy a negar. Pero lo último que necesito es estar aquí encerrada dándole la oportunidad a mi cabeza de imaginar escenarios diferentes donde torturo a mi hermana con su estúpido vestido.

—Sólo necesito lo que queda de este día. Mañana volveré al trabajo —suspiro—. Me siento indispuesta, Ambrose. Voy a colgar.

—Claro, Ann. Toma todo el tiempo que necesites.

No contesto. Tiro el teléfono en la isleta en cuanto cuelgo y vuelvo a meter la cara en el chorro del agua.

Cada vez que cierro los ojos, la imagen del vestido aparece junto con las palabras de Sophie en la boutique. ¿Cómo puede resumir mi molestia en el hecho de que me molesta que se case primero? A estas alturas todos deberían saber que ahora me importa un comino si me caso o no. Mi sueño ya no será el mismo. Perdió toda la gracia cuando quiso meter sus manos en él y amoldarlo a su antojo, destruyendo el vestido de mamá,  ¿por envidia? ¿Para fastidiarme?

Todas esas cosas que nunca me atreví a decirDonde viven las historias. Descúbrelo ahora