CAPÍTULO 8

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Enero, 2017

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Enero, 2017

—Bien, tenemos las maletas listas, —comencé a enumerar con mis dedos— tenemos la mochila con los biberones preparados, en mi bolso tengo mi cartera, los pasaportes...

—Cariño, lo tienes todo preparado, no te preocupes ahora.

—No se nos puede olvidar nada, mamá.

—Llevas preparando todo desde hace días, no se te olvida nada, y si se quedara algo aquí puedo enviártelo.

—Está bien.

Había llegado el día, hoy volaríamos rumbo a Australia, serían treinta y dos horas y veinticinco minutos de vuelo, un vuelo larguísimo de dos escalas, pero que valía la pena hacer.

Dos días antes, la empresa que había contratado, vino a recoger nuestras pertenencias para trasladarlas al pequeño pero adecuado y bonito piso que había conseguido alquilar en Gold Coast. Cuando Leslie me mostró ese piso supe que debía llamar de inmediato, no podía alquilarlo alguien antes que yo, era perfecto para Hilary y para mí, estaba a unos veinte minutos andando del trabajo y a casi media hora de la playa, así que sin duda tenía que ser mío. Cuando hablé con el señor Prescott, el dueño del piso, estuvo encantado de que por fin alguien llamara para alquilar su piso, fue muy simpático y me ofreció que nuestras cosas, que viajaban antes que nosotras, fueran dejadas en el piso antes de instalarnos.

—¡He conseguido mandar la caja de Arizona Iced Tea! —dijo Leslie entusiasmada al entrar en mi habitación con su portátil en la mano.

—¿En serio? —asintió.

—Llegará en una semana a tu piso, ¡así que no tendrás que sobrevivir sin tus latas de Arizona!

—Genial. —sonreí.

—Sigo sin saber cómo te gusta tanto esa bebida hija, es como inyectarte azúcar directamente en las venas, no debe ser sano, no creo que los médicos lo recomienden.

—No exageres mamá, además, no bebo tanto. —puso los ojos en blanco y se fue a por Hilary, que la llamaba desde el comedor.

—Ejem... Permíteme dudarlo, —comentó mi amiga a mi lado, dejando el portátil a un lado— Rhys y yo te hicimos hasta una canción por beber tanto de ese té, ¿quieres que te la recuerde?

—Oh, no. —dije horrorizada.

Cuando a esos dos les daba por hacer cancioncitas ridículas, haciendo rimas horribles, no había quien los parara, y lo peor era que cantaban fatal, su tono de voz era como el sonido de las hienas.

—¿Alguien ha nombrado la canción de Arizona April Arizona? —dijo Rhys asomando la cabeza en la puerta de mi habitación.

—Hasta el título es repugnante.

—¿Qué título? ¿El de la maravillosa canción que empieza así? —señaló a Rhys.

—April toma té mientras se divierte, se toma siete latas y es veloz como una liebre...

Inexorable [PAUSADA, borrador]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora