April Langley siempre ha querido salir de Brooklyn, viajar, mudarse y, sobre todo, cambiar de aires. Los estudios y esa pequeña de casi dos años que ama con toda su alma no se lo han permitido...
Hasta ahora, cuando una noche, navegando por interne...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Prácticamente, toda la empresa estaba adentrándose en la sala de reuniones y sentándose en la gran mesa que había en el centro de la habitación, esperando a que Connor apareciera en cualquier momento para que la reunión, a la que no sabía porque había sido invitada teniendo en cuenta que solo era la secretaria, comenzara. Mientras los demás empleados iban sentándose, yo coloqué en el centro de la mesa, con la mirada de todos los empleados hambrientos, los cupcakes de chispas de chocolate que había cocinado a las cinco de la mañana, debido a que Hilary se había despertado angustiada por una pesadilla y, a pesar de que había intentado de todo para que volviera a dormir, para que las dos pudiéramos volver a dormir, no había podido volver a dormirse. Así que, mientras mis amigos dormían plácidamente en la otra habitación de nuestro piso, y había conseguido que mamá volviera a la cama, después de que insistiera en que ella podía encargarse de su nieta para que yo durmiera y no llegara cansada al trabajo, me puse a cocinar cupcakes para matar el tiempo, mientras tenía a mi hija en brazos y le cantaba una canción, como siempre hacía para calmarla. No había conseguido que Hil volviera a dormir, pero había hecho unos cupcakes que, por la cara de las personas que tenía delante de mí y que acababan de hincar el diente en ellos y por las alabanzas de algunos de ellos, estaban deliciosos.
—Hola a todos, y perdón por la tardanza. —todos lo saludaron de vuelta.
La voz grave que tanto conocía me sacó de mi ensimismamiento mental, pero no quise girarme a verlo. Desde que había tenido aquella conversación profunda con Leslie hacía unos días, estaba tratando de asimilar los repentinos sentimientos que había empezado a sentir por él, y mientras eso ocurría, no quería toparme con Connor mucho, aunque sabía que eso sería imposible teniendo en cuenta que trabajaba con él, pero estaba tratando de evitarlo todo lo que podía. Y lo peor de todo, aunque me había enterado por Luke, él se había dado cuenta de mi actual distanciamiento.
—¿Langley? —me tensé.
—¿Sí? —giré sobre mis talones, enfrentándolo.
No contestó simplemente, con la cabeza, señaló la silla que había a su lado y la movió hacia atrás, ofreciéndome asiento.
Me acerqué con paso rápido y me senté, mientras él se quedaba de pie a mi lado, encabezando la mesa.
—¿Los has cocinado tú? —asentí cuando levantó la barbilla para señalar la bandeja de cupcakes, que estaba a punto de quedar vacía—. Esperaba poder probar uno, pero ya no va a ser posible... —comentó viendo como Luke agarraba los dos últimos y se llevaba a la boca uno de ellos, devorándolo rápidamente para comer el siguiente, lo que me hizo reír.
—Tranquilo, no te quedarás sin probar uno. Tengo unos cuantos guardados en mí bolso, pensaba comer alguno con tu hermana cuando venga a verme en mi descanso, te daré un par para que los pruebes.
—Eso me haría muy feliz. —sonriente, me guiñó un ojo, haciéndome ruborizar ligeramente.
—Esto está riquísimo, April —dijo Luke con la boca llena, sentándose a mi lado.