¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Cuatro paredes cubiertas de chapas de metal eran las que encerraban a las hermanas Greene, parecían un viejo sótano, muebles y cosas apiladas había en cada rincón. El hedor a sudor y humedad se mezclaba en sus narices y les hacia arcadas de vez en cuando. Una mesa de madera redonda había en el centro, Maggie estaba atada a una silla en uno de los extremos y Ramé estaba en la misma situación, solo que se encontró contra una de las paredes de esa habitación.
Ya Ramé había tratado de llamar la atención del guardia que cuidaba su puerta, pero solo recibió una mordaza de su parte.
—Saldremos de aquí, Ram. Seguro Rick ya viene en camino. Solo... hay que esperar un poco más. —dijo Maggie con pesadez y Ramé solo tiro la cabeza para atrás mientras emite un ruido indescifrable.
Las habían separado de Glenn, no tenían ni la más mínima idea de en dónde estaban ya las manos de quién. Un pequeño murmullo se escuchó en la pared opuesta en la que estaba Ramé, Maggie giró su cabeza para tratar de oír lo que decían.
— Dime algo... — era la voz de Merle. — Cuando tiene miedo y ella... se abraza fuerte, y su piel tiembla , y sus labios suaves te toca...
— Glenn... —el susurro de Maggie le llegó a Ramé como un eco, casi inaudible. La pequeña tratar de zafar sus manos de la soga que las ataba, en un intento de quitarlas de encima.
— ...Aquí, por aquí y por aquí, se siente bien, ¿no?.
Maggie ahogó un sollozo. Las voces siguieron pero Greene no les prestó atención, quería salir de ahí. Unos ruidos ahogados se escucharon en la otra sala, como si alguien luchara para liberarse de algo.
— ¡Quiero saber dónde está el sheriff!. — un golpe y un quejido siguió a las palabras.
Luego hubo silencio. Un golpe resonó, y luego otro, y otro y otro.
— ¡Quiero saber dónde se esconden! ¡Dónde está su campamento!. — y luego otro golpe, y luego otro al no recibir respuesta.
Habrán pasado media hora de esa tortura de gritos y golpes habia terminado, media hora en la cual las chicas solo podrán dedicarse a mirar el cuarto, tratando de buscar algo con lo que desatar.
La puerta se abrió de golpe, ambas miraron para ver quien era, en el fondo con la ilusión de que fueran Rick o Daryl los que estuvieran del otro lado; pero no.
Un hombre de camisa celeste entró y cerró la puerta detrás de él, era de mediana edad, alto, parecía tranquilo. Intercalo su mirada entre las chicas, a paso lento se acercó a la más pequeña, Maggie se quitó en la silla.
—No la toques.
El hombre hizo caso omiso a las de Greene y siguió avanzando, Ramé mantuvo su cabeza agacha, se sintió un poco intimidada por las palabras cercanas y débil al no poder mirarlo a la cara. Sintió como él levantaba su cabeza lentamente y la miraba, con su otra mano quitó la mordaza de su boca y se alejó. La niña tragó en seco mirando su regazo debido al alivio que sintió al no tener ese molesto pañuelo en la boca.