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La pequeña Ramé Greene se encontraba cabalgando devuelta a la granja luego de una larga y emocionante semana de caza; todos en su familia eran granjeros, y como el título lo dice, viven en una granja en medio de la nada. Una vez al mes, la menor de los Greene salía de caza para traer algunos alimentos como ardillas, todo tipo de aves e incluso, si tenía suerte, algunos ciervos. Tenían comida enlatada y cultivos, pero no se arriesgaban a esperar al último momento para buscar repuestos, por eso, su alimentación variaba en: comida enlatada, cultivos y frutos de la caza.
Esta semana había sido una de las más exitosas en el año, la niña había logrado cazar dos búhos, tres palomas, cinco ardillas y un ciervo. Su familia estaría orgullosa cuando llegue a casa con toda esta comida que les duraría, por lo menos, un mes y medio.
También había un pueblo cerca, pero su padre no la dejaba ir sin compañía poniendo la excusa "ese pueblo debe estar infestado de enfermos".
Los enfermos o muertos, como les decía la niña, comenzaron a aparecer hace aproximadamente unas siete u ocho semanas. Por lo poca y casi nula información que tienen en la granja, dicen que aparecieron de la nada, comenzando a arrasar con todo y todos a su paso, como si de una plaga se tratase. Al enterarse de esto, todos se encerraron en los terrenos de la granja, y todo iba bien: comían de las pequeñas plantaciones que tenían y también de la comida enlatada, jugaban juegos de mesa, leían, cabalgaban por los terrenos. Pero lo perfecto duró poco: los muertos entraron en los terrenos a los días de encerrarse.
Y por estar de espaldas, los apuñalaron con dientes y rasguños. La mayoría de las personas salieron vivas y a salvo de esto, pero la mayoría no son todos; dos personas importantes para Ramé se perdieron ese día: su madre y su hermano mayor.
Esto la destrozó, tenía a sus hermanastras Maggie y Beth y también a su padrastro Hershel, quienes para ella no son solo el esposo e hijas nuevas de su madre, para ella siempre fueron familia de sangre. Pero nada se comparaba con perder a su madre, quien la llevó en su vientre nueve meses y la crió por diez años, y perder a su hermano de veinte años, quien la cuidaba y ayudaba en todo. Fue difícil, pero como la chica fuerte que es, aprende a vivir con eso.
Usaron el granero de la granja para poner allí a los muertos, ya que su padre pensaba que solo eran gente enferma y que no debemos dañarlos. Mínimamente suelen aparecer uno o dos muertos por mes, y todos iban a parar en donde se encontraban su madre, su hermano, sus vecinos, etc.
Lo cierto es que Ramé nunca tuvo la necesidad de matar a un muerto.
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Ramé pasaba por el bosque que se ubicaba en frente de la granja, esperando ansiosa a llegar a casa. Su caballo, Angus, era quien llevaba el trabajo pesado, arrastrar al ciervo que la chica había cazado; mientras que ella llevaba en su bolso de caza las ardillas y colgando de una de las tiras del bolso, los búhos y palomas.