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        A veces una trato no necesita ser pautado con una firma o con un documento que certifique acuerdos. Yunhyeong sabía eso y aunque sabía de antemano que existía una alta posibilidad de acabar tan mal que se arrepentiría toda la vida de sus decisiones, su cuerpo era mucho más rápido que su consciencia, esa misma que se obligaba a encerrar en una gaveta y no dejarla salir a atormentarlo por los últimos cuatro días en los que se reunía con Donghyuk en secreto, ni siquiera en las dos noches que había pasado en su casa después de la primera vez que se entregaron. 


         Donghyuk parecía demasiado interesado en disfrutar cada pedazo de tiempo que tuvieran, incluso aparecía de vez en cuando con algo que había descubierto en sus investigaciones, porque claro, al ser primerizos en cuanto a relaciones con un hombre los dos eran unos inexpertos, con la diferencia de que el rubio no temía en buscar qué hacer mientras que Yunhyeong solo se dejaba llevar. Justamente como lo estaba haciendo esa mañana en el cuarto de limpieza en donde aprovechó para descargarse en Donghyuk contra los estantes de botellas de cloro y desinfectantes. 


          Tenían una complicidad tan grande que bromeaban con turnarse en lo que sus propias versatilidades le permitían, les importaba poco cohibirse entre gemidos o peticiones, pues el deseo de entregarse siempre era mayor para los dos, como si una ola los arrastrara al cuerpo del otro en el lugar que fuese, porque la adrenalina que sentían incrementaba la necesidad de sentirse en donde fuese y la sonrisa de ambos después de llegar al clímax y descansar sus cabezas sobre el otro entre respiraciones entrecortadas, lo comprobaba.  Eso había estado ocurriendo en los últimos días.



—Escapemos de clases.  —Sugirió Yunhyeong mientras intentaba calmar su respiración aun agitada y el calor de su cuerpo, al beber de una botella de agua, ni él mismo creía lo que estaba diciendo. —No tengo ganas de hacer grupo con Junhoe. 

—¿Desde cuándo el más guapo huye de las clases extracurriculares? —Preguntó el rubio de pie frente a él, llegando a reír por el rubor en las mejillas de Yunhyeong al verlo aún sin los pantalones, como si segundos antes no hubiese estado follándoselo.

—Desde que Junhoe está insoportable. —Murmuró como excusa, aunque la realidad era que necesitaba pasar más tiempo con él. Pero claro que tener a Donghyuk desnudo y sudoroso frente a él, con el cabello en todas las direcciones y los labios rojos de tanto besarse, era suficiente para recordarle que podrían ser descubiertos. —¡Ponte la ropa! Si alguien entra te mataré.

—Pero fuiste tú quien me arrastró aquí y quiso tener sexo, dejaste un condón en la basura, ¿crees que no lo van a notar? —Respondió encogiéndose de hombros. Yunhyeong rodó los ojos y se dio la vuelta dándole la espalda. —Eres lindo.

—¡Cállate! ya no estamos haciendo eso, así que necesito que te vistas para poder convencerte de irnos. —El pelinegro se mordió el labio y se agachó a tomar su mochila, colgándose en el hombro.

Donghyuk solo se echó a reír y deslizó sus pantalones para acomodarlos. —No podemos irnos así, no quiero que te conviertas en un chico malo, hyung.

—¿Acaso tienes miedo de que pongan al perfecto estudiante Kim Donghyuk en lista roja? —Cuestionó mirándolo por el rabillo del ojo. 

—No es por mí, es por ti. —El rubio se colocó su suéter tejido y pasó la tela de las mangas por su frente limpiando cualquier rastro de sudor, tenían la suerte de tener un lavamanos a medio servir en ese pequeño espacio. 

Paper Rings | YunDongWhere stories live. Discover now