Historia Corta. Parte 12

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Comencé a tener pesadillas de nuevo, empecé a despertarme en la mitad de la noche sudando, angustiada, solo logrando calmarme al sentir a Ángel en la cama, a mí lado, empecé a calmar mi corazón acelerado con el ritmo de sus respiraciones lentas.

¿Por qué seguía dándole tanta importancia a la boda?

No había ido a terapia estas últimas semanas, no quería escuchar lo que mi terapista tendría por decir.

¿Es esto lo que de verdad quieres? ¿por qué no hablas con él? ¿por qué crees que él no entenderá?

Muchas preguntas, tantas respuestas que no quería detenerme a responder. Quería continuar con la corriente sin detenerme a nadar contra ella, quería dejarme llevar para que las cosas pudiesen funcionar.

Un mes había pasado y aun no les contaba a mis padres que estaba con Ángel, que estaba comprometida.

El sol escurridizo logró su paso a través de las persianas de mi ventana, tomé mi celular y caminé hasta la cocina. Necesitaba hacer una llamada.

Me sorprendí de que contestara tan pronto y tan rápido a esta temprana hora de la mañana.

—¿Es este un tardío milagro navideño?

—Estoy regresándote la llamada.

—¿Qué llamada?

—La que hiciste un día después de mi cumpleaños.

Una grave carcajada llegó hasta mis oídos

—¿La que hice hace tres meses?

—Esa misma.

—Entonces debería decirte, feliz cumpleaños, feliz navidad, feliz año nuevo y feliz reyes.

—Exactamente, gracias.

No dijimos nada por un segundo, hasta que Alonso preguntó

—¿Esta todo bien?

—Sí, vi a Graciela hace unas semanas.

—¿Cómo está?

—Bien... me dijo que estabas comprometido.

Reconocí un cambio en su respiración.

—Sí —dijo con lentitud— Lo estoy.

—Vaya, ella dijo que sí.

Alonso dejó escapar una risa suave

—Sorprendentemente sí, aceptó casarse conmigo.

—¿por qué no me habías comentado?

Le tomó unos instantes responder

—No lo sé, se sentía raro, te hubiese contado si hubiese respondido mis llamadas

—Me llamaste una vez.

—Lo suficiente.

—Así que... ¿estás feliz?

Esta vez él no dudo en responder.

—Sí, lo estoy

—Vaya, es loco que te vayas a casar.

—No lo es, siempre he querido hacerlo, formar una familia.

Formar una familia

Las palabras se quedaron en mí como un trago amargo, como una advertencia.

—Tengo una noticia para ti, para que veas que yo sí te cuento cosas.

—Muero por saberlo.

—Estoy comprometida.

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