Cuando Jake Sully huye con su familia hacia el arrecife de los Metkayina, buscando refugio de la amenaza del coronel que casi destruye todo lo que ama, nunca imaginó que el verdadero desafío no vendría de sus enemigos, sino de la propia Eywa.
Neteya...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Ao'nung había prometido algo, y los expresivos ojos de su pequeña hermana se lo recordaban constantemente. Pasadas siete noches, tenía que cumplir con su palabra.
—Reya, ¿ocurre algo? —su madre la cuestionó.
Evitando la mirada posada en Ao'nung, el joven por fin pudo respirar y comer tranquilo. Ronal se confundió aún más.
—Estoy emocionada. Ao'nung se unirá a las lecciones hoy —Tsireya controló sus ganas de brincar en su lugar. No quería tirar su desayuno.
—Ao'nung, ¿no te había dado una orden? —Tonowari cuestionó a su hijo.
—Tenía que buscar un reemplazo para dejarle mis responsabilidades —dejando el desayuno de lado, se inclinó mostrando respeto—. Lo siento, padre.
Tonowari tocó su hombro. Ao'nung levantó la mirada.
—Está bien, hijo. Solo avísame para la próxima.
Ao'nung volvió a disculparse con respeto. El desayuno siguió en un ambiente tranquilo.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Total desastre. Esa era la opinión de Ao'nung al llegar a las lecciones que Tsireya enseñaba con tanto esmero. Los Omatikaya no tenían la menor idea de cómo respirar bajo las profundidades del arrecife, saliendo a la superficie cada vez que les faltaba el aire.
Maldición. Se tragó un sinfín de malas palabras.
¿Qué les pasa?, cuestionó Ao'nung empleando el lenguaje de señas hacia los dos Metkayina.
No saben nadar bajo el agua, le respondió Rotxo.
Están aprendiendo, señaló Tsireya tratando de que su hermano comprendiera. Ao'nung realizó un gesto indescifrable.
Nadando fuera de la superficie, Tsireya fue la primera en aparecer delante de los hermanos Sully.