XXII

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Ao'nung conocía muy bien dónde se encontraba

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Ao'nung conocía muy bien dónde se encontraba. En las memorias más preciadas de Neteyam, aquellas que brillaban en su alma.

El bosque Omatikaya se alzaba a su alrededor, cada hoja susurrando. Una figura delgada se recortaba contra la luz dorada del atardecer: Neteyam, con las constelaciones bioluminiscentes que adornaban su piel parpadeando suavemente. La visión lo hipnotizó.

Una mano temblorosa rozó la cintura de Neteyam. El joven Omatikaya se giró lentamente, y Ao'nung supo que había sido descubierto desde mucho antes. Una sonrisa melancólica curvó los labios de su amado.

—¿Extrañas el bosque? —preguntó Ao'nung, perdido en aquellas pupilas doradas.

Neteyam soltó un suspiro largo y profundo, cargado de nostalgia. Asintió cerrando los ojos, pero los volvió a abrir al sentir cómo la mano de Ao'nung lo reconfortaba con caricias.

—Esa sensación de libertad al volar, cuando el viento golpea el rostro y te recuerda que estás vivo —murmuró con voz nostálgica—. Trepar los árboles gigantes hasta tocar las nubes, sentir la corteza rugosa bajo las manos... Era un lugar hermoso, lleno de vida.

El sentimiento de tristeza se clavó en el corazón de Ao'nung. Ver a su pareja revivir emociones tan intensas, sentir cómo extrañaba el lugar donde creció, era una herida que sangraba comprensión. Podía entenderlo perfectamente: dejar todo atrás por huir de un tercero obsesionado con destruir a Jake Sully y su familia.

—Lo siento mucho —susurró Ao'nung, la culpa tiñendo su voz.

Neteyam soltó una risa suave, carente de amargura. Su cola se enredó con la de Ao'nung en un gesto íntimo.

—Pero ahora tú eres mi hogar —declaró con una certeza que hizo temblar el alma de Ao'nung—. El mar, el bosque, las montañas flotantes... todo eso pierde su valor si no te encuentras conmigo. Donde tú estés, ahí está mi refugio.

Una sonrisa torcida, mezcla de dolor y felicidad, adornó el rostro de Ao'nung. Juntó su frente con la de Neteyam, respirando el mismo aire.

—Desde ahora en adelante, estaré contigo siempre —prometió con voz quebrada.

Neteyam tomó entre sus manos el rostro de Ao'nung, sintiendo las lágrimas saladas que brotaban sin control de aquellos ojos que tanto amaba.

—Todo estará bien —susurró con ternura.

—Neteyam... —gimió Ao'nung.

Los sollozos brotaron como una cascada contenida durante demasiado tiempo. Uno tras otro, desgarradores y liberadores a la vez. Neteyam simplemente lo consoló, siendo su ancla en medio de la tormenta, acariciando su cabello y murmurando palabras de amor en el idioma ancestral.

 Neteyam simplemente lo consoló, siendo su ancla en medio de la tormenta, acariciando su cabello y murmurando palabras de amor en el idioma ancestral

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Te veo. Te sientoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora