XIX

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El agua se agitó primero, ondas concéntricas expandiéndose desde las profundidades como anillos de promesas ancestrales

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El agua se agitó primero, ondas concéntricas expandiéndose desde las profundidades como anillos de promesas ancestrales. Luego, las sombras colosales comenzaron a ascender desde el abismo azul, creando eclipses bajo el agua que hicieron que los peces se dispersaran en nubes plateadas.

Los majestuosos tulkun emergieron de las profundidades como catedrales vivientes, sus formas monumentales cortando la superficie con una elegancia que desafiaba su tamaño. El agua se derramó de sus lomos como cascadas cristalinas, y sus cantos—profundos, melancólicos y eternos—resonaron a través del océano hasta hacer vibrar el alma de quienes los escuchaban.

Neteyam flotaba inmóvil, hipnotizado por la magnificencia del espectáculo. Nunca había visto tantos tulkun juntos. Sus cantos se entrelazaban en una sinfonía que parecía contar historias de miles de años. El agua a su alrededor se teñía de bioluminiscencia, como si los propios océanos celebraran el regreso de sus hijos más nobles.

Ao'nung emergió a su lado, pero su expresión había cambiado completamente. Ya no era el joven altivo y territorial que Neteyam conocía. Sus ojos brillaban con una emoción tan pura que quitaba el aliento: amor incondicional, respeto ancestral, y una felicidad que brotaba desde lo más profundo de su ser.

—Ahí está —susurró Ao'nung, su voz temblando de emoción contenida.

Uno de los tulkun, distinguible por las intrincadas marcas bioluminiscentes que decoraban su frente como tatuajes de luz, se separó del grupo y nadó hacia ellos. Era imponente, pero había algo gentil en la forma en que se movía, como si cada movimiento fuera una caricia al agua misma.

Ao'nung se sumergió sin hesitación, nadando con gracia hacia su hermano espiritual. Neteyam lo siguió, manteniendo una distancia respetuosa, sintiendo que presenciaba algo sagrado.

Cuando Ao'nung alcanzó al tulkun, colocó ambas manos sobre el costado del gigante y cerró los ojos. Durante un momento que pareció eterno, ambos permanecieron inmóviles. Luego, el tulkun inclinó ligeramente su cabeza masiva, tocando suavemente la frente de Ao'nung con la suya. La conexión era tan intensa que Neteyam pudo sentir la energía que fluía entre ellos, como electricidad en el agua.

Ao'nung abrió los ojos, y cuando se dirigió a Neteyam, su sonrisa era radiante, transformadora.

Mantuvo una mano sobre el costado del gigante marino mientras la otra se alzó en el agua, ejecutando los gestos fluidos del lenguaje de señas de su pueblo. Sus dedos se curvaron sobre su corazón antes de extenderse hacia Neteyam con una gracia que solo el agua podía permitir: Hermano de mi alma, quiero presentarte a mi pareja.

Las palabras llevaban un peso ceremonial, como si estuviera ofreciendo su corazón en dos partes: una a su hermano espiritual, otra a Neteyam.

El tulkun giró uno de sus ojos hacia Neteyam, un orbe del tamaño de su torso que parecía contener la sabiduría de los océanos. Por un momento, Neteyam se sintió completamente desnudo bajo esa mirada, como si el tulkun pudiera ver hasta el fondo de su alma.

Te veo. Te sientoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora