VII

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Paz

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Paz. Tranquilidad.

Neteyam admiraba las arboledas del tamaño de una montaña. Su hogar. Sentado en las finas hierbas, dio una gran bocanada de aire. Su cuerpo relajado se fue acostando lentamente, abrazado por aquellos espíritus tan puros que lo habían visto crecer.

¿Neteyam?

El mencionado saltó al escuchar el llamado de una voz que resonaba en su mente.

¿Ao'nung?

El joven Metkayina observaba confundido el lugar donde se encontraba. Neteyam le hizo un espacio a su costado en silencio. El sentimiento de pérdida era mutuo entre ambos. Extrañándose de verse ahí juntos, Ao'nung arrugó el rostro con desconcierto.

¿Es tu hogar?

Neteyam asintió, volviendo sus ojos hacia las lianas que colgaban como cascadas verdes.

Es... diferente.

Ao'nung no encontraba las palabras para poder describir ese lugar. La abundante agua que rodeaba el arrecife le era escasa en cualquier punto donde posara sus ojos. Todo era verde, húmedo, pero no de la forma que conocía.

Me siento tan fuera de lugar en el arrecife, que ver esto me tranquiliza.

Neteyam se cuestionó por qué se estaba abriendo a tales sentimientos, confiándoselos al Metkayina. Ao'nung bajó su mirada, posándola en Neteyam con comprensión.

Yo...

Ao'nung negó con la cabeza antes de poder ofrecer una disculpa.

Comprendo perfectamente.

Dejando que el paraje los embriagara, se perdieron en la magnífica vista que les daba la selva. Las bestias corrían de un lugar a otro. Crías buscando a sus madres con llamados agudos. Pezuñas a todo galope se escuchaban de fondo como un trueno constante.

Neteyam, somnoliento ante la quietud de la selva, recargó su cuerpo en el hombro de Ao'nung. El Metkayina, por inercia, dejó reposar su mejilla en la cabeza de Neteyam.

Se siente bien, pensó Neteyam.

—Sí... —Ao'nung coincidió en voz alta, como si hubiera escuchado el pensamiento.

 —Ao'nung coincidió en voz alta, como si hubiera escuchado el pensamiento

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Te veo. Te sientoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora