XVIII

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Los zumbidos y malestares que atormentaban a Neteyam habían desaparecido por completo

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Los zumbidos y malestares que atormentaban a Neteyam habían desaparecido por completo. El contacto físico con otros na'vi les resultaba incómodo ahora, pero ya no quemaba como una llama ardiente sobre la piel.

Lo'ak, al enterarse de la situación de su hermano, lo abrazó con fuerza desesperada. Inmediatamente fue empujado por Ao'nung, quien mostró sin disimulo su posesividad: Neteyam era más suyo que del resto del mundo, y no toleraría que nadie se interpusiera.

Neteyam lo reprendió con un jalón firme de oreja que arrancó una mueca de dolor del Metkayina.

Tsireya lo "regañó" entre risas cristalinas, encontrando divertidos los celos evidentes de su hermano.

Lo'ak le recriminó con voz temblorosa que él siempre estaría disponible para su hermano mayor, sin importar las circunstancias. Esas palabras provocaron un puchero involuntario en Ao'nung, porque eso era indiscutible. El sentimiento que percibía de Neteyam no lo negaba: su pareja siempre estaría disponible para Lo'ak, para su familia en general. Era una verdad que lo carcomía por dentro.

—Eso quiere decir, ¿que ahora Ao'nung podrá realizar su iniciación sin problemas? —preguntó Tsireya, rompiendo la tensión del momento.

—Sí, pero estaré cerca —Neteyam pegó su hombro contra el de su ahora pareja eterna.

El contacto era reconfortante, como un ancla en medio de la tormenta.

Ao'nung mostró una sonrisa diminuta, apenas perceptible, que solo Neteyam pudo captar en toda su intimidad.

Neteyam jaló suavemente la cola de Ao'nung, y ambos soltaron una risa ligera que disipó las últimas tensiones del grupo.

Neteyam jaló suavemente la cola de Ao'nung, y ambos soltaron una risa ligera que disipó las últimas tensiones del grupo

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Todos se encontraban esparcidos estratégicamente por la costa y los arrecifes cercanos.

Había llegado el día tan esperado: Ao'nung realizaría su iniciación como guerrero completo.

El joven Metkayina se encontraba en la orilla rocosa, realizando ejercicios de respiración profunda. Sus pulmones se expandían rítmicamente mientras esperaba escuchar el sonido grave de la corneta de caracola que marcaría el inicio. Estaba solo, sin nadie a su alrededor, pero una presencia cálida que siempre lo hacía sonreír hizo que se girara lentamente.

Te veo. Te sientoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora