Cuando Jake Sully huye con su familia hacia el arrecife de los Metkayina, buscando refugio de la amenaza del coronel que casi destruye todo lo que ama, nunca imaginó que el verdadero desafío no vendría de sus enemigos, sino de la propia Eywa.
Neteya...
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—¿A dónde vas?
La cola de Lo'ak se vio apresada entre las manos de Neteyam. El menor dio un respingo. Su plan de perderse en algún lugar del arrecife, queriendo saltarse las lecciones tediosas, se vio interrumpido por los excelentes sentidos del hermano mayor.
—Solo esta vez, hermano —rogó por su libertad.
Neteyam negó divertido.
—Camina.
Lo'ak soltó una fuerte exhalación quejumbrosa.
—Tal vez nos enseñen algo divertido.
Lo'ak únicamente atinó a rodar los ojos en incredulidad.
—¿Qué tiene de divertido si muy a duras penas podemos ver bajo el agua? —primera queja—. No sabemos nadar como ellos, que llevan toda su vida en el agua. Literalmente, toda su vida —segunda queja—. No sé cómo pueden respirar bajo el agua. Eso no es respirar, es aguantar la respiración —tercera queja—. Aparte...
Y más quejas que Neteyam tuvo que escuchar sin soltar una carcajada.
Acostumbrado a que Lo'ak se quejara cuando no podía realizar cualquier cosa sin la necesidad de batallar, su lado quejumbroso sobresalía cada vez que algo le costaba trabajo.
—¿Dónde estabas ayer? No llegaste a mis lecciones.
Lo'ak observó la mirada estoica de Neteyam. Sus orejas bajaron.
—Practicaba con Tsireya...
Lo'ak no sabía qué más podría decir, queriendo evitar un posible regaño.
Neteyam suspiró.
—Sé que aprender las costumbres de los Metkayina es necesario, pero lo que yo te enseño también es igual de importante.
Neteyam pasó su mano agarrando el cuello de Lo'ak con firmeza.
—¿Qué pasa si un día te descontrolas?
—¡No pasará! —las orejas de Lo'ak se movieron hacia arriba, mostrando confianza.
Neteyam lo miró sin creerle.
—¡Ten por seguro que no sucederá!
Su cola se movió inquieta como un remolino. Lo'ak, al darse cuenta de lo que estaba haciendo, tomó su cola abrazándola hacia sí. Una vergüenza lo inundó de sobremanera. Neteyam solo atinó a suspirar. Lo'ak era un caso perdido.
Por alguna extraña razón que Lo'ak no llegaba a comprender, le afectaban los regaños y llamadas de atención de Neteyam. Ni sus padres podrían llegar a afectarle tanto con unas simples palabras como lo hacía Neteyam.
Olvidándose del tema, Tuk llegó corriendo en dirección a los brazos de su hermano mayor. Neteyam la cargó con facilidad. Los Metkayina ya se encontraban esperándolos con la mitad de su cuerpo dentro del arrecife. Lo'ak saludó feliz a Tsireya. Ao'nung solo atinó a fruncir el ceño. Bufando, se volvió hacia el arrecife. Sonidos totalmente distintos a los que los Omatikaya realizaban al llamar a sus ikran resonaron en el agua. Los ilu aparecieron chapoteando felices al llamado.