Cuando Jake Sully huye con su familia hacia el arrecife de los Metkayina, buscando refugio de la amenaza del coronel que casi destruye todo lo que ama, nunca imaginó que el verdadero desafío no vendría de sus enemigos, sino de la propia Eywa.
Neteya...
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La brisa del mar llegaba hasta la selva, pegando con frescura a dos na'vi que se encontraban caminando, disfrutando de la compañía en un silencio armonioso. El sol aún no asomaba sus cálidos rayos, siendo así una perfecta oportunidad que aprovecharía el Metkayina.
—Ao'nung...
Una pregunta silenciosa se formuló en los ojos cansados de Neteyam.
—Ya casi llegamos.
Extendió su mano, siendo tomada por un soñoliento Omatikaya que soltó un largo bostezo. Pequeñas lágrimas se asomaron en sus ojos ámbar.
Tras unos minutos más de caminata lenta, llegaron al punto de destino del Metkayina. Entre la selva se escondía un pequeño círculo cerrado conectado por el mar. Neteyam observó maravillado el lugar. Lo que para sus ojos parecía un lago tan pequeño que casualmente solo cabrían dos na'vi era mucho más de lo que podría haber imaginado.
Ao'nung, satisfecho por la reacción, lo jaló hacia lo que al parecer era un puente elevado. Tomando asiento, sus piernas quedaron flotando sobre el agua.
El sol se asomó en el horizonte. Una hermosa mezcla de tonalidades naranjas provocó un brillar en los ojos ámbar. Neteyam se perdió completamente en lo que el mundo le estaba dando a visualizar.
Ao'nung se embelesó contemplando al Omatikaya. Dando suaves caricias en su mano, su cola se movió con una facilidad que sorprendió incluso a él mismo. Sin sentir el peso de esta, rodeó la delgada cintura de su compañero, atrayéndolo a su cuerpo que extrañamente se encontraba cálido en esos momentos.
Ao'nung suspiró, dejando que sus emociones lo embriagaran a tal punto que su visión se vio obstruida, teniendo que ocultar aquellos ojos turquesa debajo de los párpados. Sus labios tocaron la suave piel de los hombros de Neteyam. Estirando su brazo, otro beso fue depositado en la muñeca. Su cola traviesa acariciaba el abdomen, provocando un cosquilleo en su compañero.
Neteyam había dejado de contemplar el amanecer desde el momento en que la cola de Ao'nung se enroscó en su cintura. Podía sentir todas las emociones del Metkayina. Adoración. Aprecio. Embelesamiento. Tensión. Deseo.
Se estremeció cuando sintió la suavidad de sus labios quemando en su piel.
Recordó la noche de locura y tensión sexual no hace tanto tiempo. Sin embargo, esta vez el toque era distinto. Las emociones de aquella vez no se comparaban a lo que ahora Neteyam estaba experimentando con un Ao'nung perdido en un estado tan embriagante que, por alguna extraña razón, lo estaba alterando profundamente.
La respiración de Neteyam se comenzó a entrecortar. Los ojos ámbar seguían como podían la mano grande del Metkayina que recorría su cuerpo con lentitud, sin llegar a tocar más de lo que debería ser correcto o lo que fuese que su mente le estuviera reteniendo.
Quema.
Neteyam se mordió el labio inferior sin fuerza, reteniendo posiblemente un jadeo. Respiró profundamente queriendo mentalizarse.