XVII

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Realizar el tsaheylu solo había logrado que el vínculo entre ambos se volviera más sensible y receptivo ante el más mínimo sentimiento del otro

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Realizar el tsaheylu solo había logrado que el vínculo entre ambos se volviera más sensible y receptivo ante el más mínimo sentimiento del otro. Incluso cuando apenas comenzaban a formar un pensamiento, el otro podía escuchar sus ideas más vagas como una melodía distante que resonaba en su mente.

No les molestaba. Al contrario, se sentía profundamente íntimo. Y aunque a ambos les gustaba escucharse mutuamente, también se respetaban sin adentrarse demasiado en los pensamientos más privados del otro.

Las preocupaciones matutinas de Ao'nung siempre eran las mismas, como un ritual mental que Neteyam ya conocía de memoria. Qué actividades ocuparían al pueblo durante el día. Entrenar, porque su iniciación se acercaba inexorablemente. Complacer a su pareja en cada momento a solas que tuvieran.

Ese último pensamiento lo proyectaba a propósito, deleitándose con la reacción que provocaba. Le encantaba ver cómo Neteyam se sonrojaba, cómo la cola se volvía imposible de controlar, buscando enrollarse instintivamente con la suya como si tuviera vida propia.

Basta.

Neteyam le dio un golpe juguetón en el brazo, pero su sonrisa traicionaba su falsa irritación.

Encantador.

Ao'nung se giró, agarrando las canastas de fibra trenzada, tratando de "huir" teatralmente de su pareja. Sus pasos eran deliberadamente lentos. Sabía que Neteyam lo seguiría.

¿Entrenarás hoy?

Sus conversaciones telepáticas se habían vuelto parte natural de su rutina diaria. A veces les resultaba extraño tener que hablar en voz alta cuando otras personas los rodeaban, haciéndoles preguntas. Era como si hubieran desarrollado su propio idioma secreto.

Sí, tengo que aumentar mi resistencia en tierra firme.

La frustración de Ao'nung se filtró a través del vínculo. Los ejercicios terrestres nunca serían tan naturales para él como el agua.

¿Cuándo es tu iniciación?

En dos noches más.

Un nudo de nerviosismo acompañó la respuesta.

Finalizando sus actividades matutinas, los jóvenes na'vi se adentraron en el bosque costero donde los ikran esperaban con paciencia. El aire era más fresco bajo la sombra de los árboles, cargado del aroma húmedo de la vegetación tropical.

Neteyam les dio de comer pescado fresco a los ikran, sus movimientos fluidos y conocedores, mientras Ao'nung realizaba una serie de estiramientos complejos. Sus músculos se tensaban y relajaban en una danza que Neteyam observaba de reojo, admirando la fuerza contenida en cada movimiento.

 Sus músculos se tensaban y relajaban en una danza que Neteyam observaba de reojo, admirando la fuerza contenida en cada movimiento

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Te veo. Te sientoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora