4.2 Fuera de Límites

444 31 7
                                        

—Tengo que dormir, Juliette—. Guardo mis libros escolares dentro de mi mochila, mientras que le explico a mi mejor amiga que no deseo ir a la fiesta de esta noche.

Desde que inició el semestre hace más de un mes, le hemos destinado gran parte de nuestro tiempo no solo a las actividades de la hermandad, sino también en asistir a cada una de las fiestas organizadas por las diversas fraternidades de nuestra universidad.

Es tan activa nuestra vida social que prácticamente solo utilizo mi habitación para dormir unas horas, antes de tener que ir a clases para llevar a cabo lo que vine a hacer en la universidad: estudiar.

No vamos ni a mitad de semestre y mis ojeras ya son más oscuras que las de un panda.

—Vamos, Savannah, prometo que ésta será la última fiesta de la semana—. Suplica al juntar las palmas de sus manos sobre su pecho, a modo de súplica.

Mi amiga se acomoda sobre su silla para inclinarse hacia mi persona, hablando en voz baja para no hacer mucho ruido en la sala de lectura de nuestra hermandad, pues se supone que deberíamos estar estudiando.

—Hoy es sábado, obviamente será la última de la semana—. Le recalco, ya que sé que mañana me dirá que no puedo perderme la nueva fiesta puesto que es la primera de la semana. 

Tomo las lapiceras que descansan sobre el escritorio de la sala de estudio para guardarlas en una pequeña bolsa e introducirla en mi mochila, manteniendo mi postura de rechazo hacia la reunión de esta noche.

Juliette hace un sonido de queja, dejando sus hombros caer hacia abajo.

—No te la puedes perder, habrá pintura neón por todos lados, luces de colores, y escuché que contrataron al DJ local para tocar en la fiesta—. Me explica para tratar de convencerme.

Tras ponernos de pie y salir de la sala de estudio, dirigimos nuestros pasos hacia nuestra habitación dentro de la mansión.

La voz aguda de mi amiga rebota contra las paredes del pasillo para insistirme una y otra vez que asista, pues será la mejor experiencia que hayamos vivido hasta ahora.

—Suena divertido—. Le comento.

Los ojos de Juliette se abren ampliamente, el brillo en ellos iluminando su rostro por la ilusión de pensar que me ha persuadido.

—¿De verdad?— Me pregunta.

—Claro—. Le respondo, —Es por eso que tú deberías ir mientras que yo duermo profundamente, como un bebé, en mi cálida cama—. Le sonrío sarcásticamente.

Al llegar a nuestra recámara, procedo a abrir la puerta para ingresar. Dejo mis cosas sobre mi edredón para después caer sobre éste y descansar.

Observo a mi amiga desesperada porque no logra convencerme de aceptar su invitación.

—¿Por qué tanto empeño en que te acompañe?— Le pregunto con curiosidad, —Esta no sería la primera vez que asistes a otras fiestas sin mí—. Le recuerdo.

Es verdad que hacemos todo juntas la mayor parte del tiempo, pero no sucederá nada si nos separamos por solo una noche.

—Es que, esta noche sería distinta, Sav—. El volumen de su voz disminuye, cohibiéndose.

—¿Por qué?— Alzo una ceja tras ignorar a lo que se refiere.

Juliette toma asiento sobre mi cama, a mi costado, mientras me observa con su dulce mirada.

—Porque un día como hoy, hace dos años, nos conocimos—. Me recuerda con un tono inocente en su voz y una pequeña sonrisa en sus labios.

Qué tierno que recuerde aquella noche en la cual nuestros caminos se cruzaron, cuando uno de nuestros amigos en común soltó una fiesta en la casa de sus padres y, de la cual tuvimos que escapar corriendo cuando la policía llegó para concluir con el evento.

Eterna TentaciónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora