Park Jimin es un bailarín caprichoso y muy voluble, razón por la cual sus padres deciden mandarlo por la temporada de verano a casa de su tía solterona que es dueña de un fundo en el campo. El objetivo de sus padres es que aprenda a valorar lo que t...
Jungkook reverenció con su boca cada parte del cuerpo de Jimin. Su piel, su textura, su sabor quería dejarlo grabado en su memoria.
En los ojos de Jimin podía ver que estaba disfrutando de cada una de sus caricias. Lo tomó en brazos y lo depositó sobre la manta en el colchón inflable, las manos le temblaban cuando se se arrodilló a su lado y sin dejar de mirarlo puso su oreja en su pecho para poder oír su corazón. Ese repiqueteó alocado era la mejor música que había escuchado y despacio llevó sus manos a sus muslos y los separó para poder cobijarse entre ellos. Era la primera vez que sus pieles se tocaban en completa desnudez.
Jimin estaba exitado, mucho, lo reconocía, pero sabía que lo que estaba haciendo con Jungkook era mucho más que sexo, por más que se lo había repetido. Jungkook en ese momento le estaba haciendo el amor y él era tan inexperto como él en esas lides. Con el corazón alborotado, el estómago repleto de mariposas, Jimin tomó su rostro y lo acercó para besarlo, el sabor de Jungkook, su suavidad, su aroma lo hacían desear que el momento se volviera eterno, estar en un punto del universo donde sólo existieran ellos dos y sus cuerpos amándose.
Jimin podía sentir la vulnerabilidad de Jungkook, como temblaba bajo la palma de su mano y la yema de sus dedos recorriendo su espalda y eso lo hacía sentir especial y único. Tomando su mano lo guió hacia su miembro necesitado que ya estaba húmedo y ansioso. Su mano callosa se aferró a su hombría y lo acarició en toda su extensión mientras Jimin gemía su nombre avasallado de placer, apretando sus fuertes y poderosos hombros, y más cuando sintió que su mano fue reemplazada por su boca. Una boca tan gentil, tan dulce, tan perfecta.
Para Jungkook fue natural y espontáneo hacerlo. Quería a Jimin de todas las maneras posibles. Nada con el le producía rechazo o desagrado, quería darle tanto placer como pudiera. Verlo con su piel perlada de sudor, su boca inflamada y semiabierta exhalando gemidos, su pecho subiendo y bajando rápidamente, era más de lo que se había atrevido a soñar.
- Jungkook...te quiero ahora- Jimin pidió ahogado en placer- por favor...
Jungkook se acercó a su boca y lo besó, los sabores de ambos mezclados en sus lenguas. No tenía miedo. Era su primera vez, pero se había informado. Ahora tocaba ponerlo en práctica. Deslizó su mano por el costado de Jimin y serpenteó hasta llegar a sus suaves y satinados glúteos, Jimin se quedó sin respiración cuando lo sintió, igual de gentil preparándolo mientras no dejaba de besarlo y mientras sus miembros se rozaban una y otra vez, engrosados, calientes, con sus fluidos mezclados.
El momento de la unión, el preciso instante en que su pene rompió las barreras, lo miró a los ojos con sus ojos de ciervo asustado conmovido hasta los huesos. Jimin lo miró de igual manera y levantó sus pies y los ancló en el trasero de él empujándolo hasta el fondo. Un gemido ronco y profundo se escapó de la garganta de Jungkook al sentir la caliente funda abrazando su miembro como guante de seda. Se quedaron así unos instantes, sólo mirándose, tratando de asimilar los sentimientos que se les habían escapado sin pedir permiso. Jimin cerró los ojos, no quería mostrar más de lo que ya había dejado ver, y se movió con pericia y sensualidad innata contra aquel duro y palpitante falo en su interior. Jungkook dejó las nubes para dedicarse a sentir, para dedicarse a darle placer. Se movió más rápido, saliendo y entrando, con las gotas de sudor perlando su frente, espalda y torso. Cada estocada los hacía, gemir, tensar sus cuerpos como cuerdas, sentir el miembro de Jimin en su bajo vientre rozándolo con cada embestida, era sublime, era como si estuviera a punto de tocar el cielo con la punta de sus dedos y hacer combustión como una estrella a punto de morir.
Cuando el fuego explotó llenándolo todo, donde no había pensamientos coherentes, con la esencia de sus orgasmos derramándose, Jungkook sintió el agua inundando sus ojos. Era como haber descubierto el universo en aquel acto. Un universo donde sólo existía su princeso, un universo que comenzaba en él y terminaba en él.
Jimin lo abrazó como si no quisiera soltarlo ni que él lo soltara jamás en la vida. El sexo que tanto había anhelado se había transformado en amor. Besó cada una de las lágrimas derramadas por ése hombre que yacía a su lado, ese hombre que en ese instante llenaba todo el espacio, ese hombre que le había hecho sentir lo que era ser amado por primera vez en su vida. Y lloró junto a él.
- Somos un desastre, princeso- dijo Jungkook sonriendo entre lágrimas y enjugando con la yema de sus dedos las lágrimas de su princeso. A el le habría gustado decirle lo mucho que lo amaba, que era su mundo, que sus ojos marrones eran su principio y fin...pero no tenía la libertad para hacerlo, sólo podía demostrárselo lo que les quedaba de tiempo.
Jimin se arrebujó contra su cuerpo y depositó besitos suaves en su cuello. No podía hablar. Sentía la garganta apretada y el corazón hecho un nudo. No podía haberse enamorado. Simplemente no podía...pero lo había hecho.
- Gracias- dijo Jungkook pasando su mejilla por el cabello de Jimin, respirando su tenue olor a shampoo y agua del río- gracias por hacerme sentir tanto, princeso.
Jimin levantó la cabeza y lo miró con sus ojos llenitos de agua y se pasó el dorso de la mano para secarlas, luego le sonrió.
- Gracias a tí- Jimin le tomó la mano y se la besó- me has dado el mejor y más maravilloso verano de mi vida.
Una sombra de tristeza pasó por la mirada de Jungkook ante el sutil recordatorio. El podía. Jimin no le había mentido. Sonrió para salvaguardar sus emociones.
- Aún nos queda tiempo, princeso- dijo tratando de sonar burlón- mejoraré con la práctica- le apretó la nariz risueño.
Jimin agradeció el esfuerzo de Jungkook por aligerar el ambiente. Otra cosa más por la que amarlo.
- ¿Piensas practicar mucho?- preguntó Jimin coqueto moviéndose nuevamente sobre su cuerpo dejando claras sus intenciones. Era eso o terminar diciendo lo que no debía.
Jungkook soltó una carcajada y lo volteó de espaldas en la cama.
- Haz creado un monstruo, princeso. Ahora hazte cargo.
Jimin entrecerró los ojos y sonrió de lado.
- Será un placer practicar con usted, caballero- Jimin sonrió con picardía y desde ese momento se olvidaron del mundo.
Por la mañana despertaron juntos y volvieron a amarse. Luego recogieron todo y partieron de regreso a la casona.
Jimin miró el lugar por última vez antes de subir a Trueno. ¿Podía ser la experiencia más hermosa y a la vez sentir una tristeza tan profunda que le laceraba el alma? Se subió tras Jungkook y lo abrazó fuertemente, quería soñar que aquel momento sería para siempre.
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