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En serio? —digo mientras veo sus lindos ojos azules mirando una que otra prenda.

—No te molesta, ¿o sí? —pregunta sin mirarme.

Niego con la cabeza mientras ella le dice a la mujer que nos acompaña que está buscando prendas para mí.

Me río de mi chiste interno y ella lo capta; me sonrojo. No he podido dejar de hacerlo desde hace unos días.

Mi corazón dio un vuelco terrible cuando encontré a esa mujer —en sí, su exmujer— en la oficina. Sé que no soy más que la niña con la que pasa el rato, pero estoy empezando a sentir cosas por ella. No sé cómo lo tomará; es como un contrato estar con ella. Me gustaría saber qué pasa por su cabeza, pero ella tiene como un muro. ¡Joder! No debería enamorarme de mi sugar ni de mi señora. No debería, pero...

—Hey —dice sutilmente, pasando su mano por delante hasta que la enfoco. Ella se ríe—. ¿Qué pasa? —pregunta, y solo muevo la cabeza negando—. No me mientas.

Veo esa mirada de reproche y solo me acerco, enrollando mis brazos en su cintura. Lleva zapatos deportivos; está muy deportiva hoy, por eso siento mi frente apoyada casi en su mejilla.

La mujer que nos atendía nos dio un respiro cuando Eilish dijo una que otra frase y ella asintió, aunque la veo ir a la caja.

—No vas a comprar todo eso —digo mientras dejo mi mano en su abdomen.

—Claro que sí —susurra cerca de mi oído y luego deja un ligero beso que hace estremecer mi cuerpo. Creo que lo nota, aunque al mismo tiempo no; entrelaza su mano con la mía y caminamos hasta la caja registradora.

Tengo la mente divagando: esa mujer, su toque, su mirada azul. ¿Qué tengo yo? Soy una niña; ella, una mujer. Tiene hasta ojos azules y yo... yo.

Respiro con dificultad y comienzo a negar. Ha ido a hacer un pedido de comida; mientras tanto, estoy tratando de acomodar mis pensamientos, mis rudos pensamientos. Pero es que, cuando estoy con ella, todo se me olvida.

Me estoy extralimitando y creo que a ella eso no le agradará. ¿Qué pasa cuando se entere de lo que se está desarrollando en mi interior? ¿De este amor que crece en mí por ella? Tengo miedo de que todo termine.

—He hecho el pedido —dice con una ligera sonrisa. Lleva una franela cuello V, unos jeans negros ligeramente rasgados y unas zapatillas deportivas entre blanco y negro.

Es como una diosa. ¿Cómo le explico a mi propio ser? Ella es solo pasajera. Siento un nudo en la garganta que trato de disimular.

—¿Quieres agua? —me pregunta. Es tan dulce conmigo, pero cuando le grité a esa mujer...

—No, todo bien —paso la servilleta por mis labios y ella me mira evaluadora.

—Sí que ocurre algo —me dice—. Y espero que me lo digas.

Antes de abrir la boca, llega el mesero y deja la orden.

Su mirada no se aparta de la mía; siento sus ojos azules tan intensos sobre mí y mis movimientos.

Dejo que todo lo que tenía que decir pase a segundo plano, pero conociendo a la mujer controladora que es, sé que me abordará al llegar al hotel.

—¿Señora O'Connell? —la detiene una mujer.

Quedo en segundo plano mientras admiro el gran espacio a mi atención. Ella está muy metida en la conversación, mientras que la mujer toca ligeramente su brazo; ella lo aparta con sutileza y su rostro no varía. Dejo que mis sentimientos no se exalten, así que me doy la vuelta y entro a un cuarto. Es algo grande, pero no tanto; es una hermosa galería. Cuadros con muchos colores, unos que sobresalen, algunas esculturas en el centro y ni una sola persona aquí. Es agradable estar sola admirando tanto arte.

𝙎𝙚𝙣̃𝙤𝙧𝙖 𝙊❜𝙘𝙤𝙣𝙣𝙚𝙡𝙡 Donde viven las historias. Descúbrelo ahora