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Me tiro al sillón, cansada. El de cuero negro y el otro marrón oscuro. Hermosos, debo admitir. Mi hermana mira todo con ansias, y agradezco que haya elegido la otra habitación y no la que compartiré con Billie.

—¿Qué desean comer? —pregunto.

—¿Podemos pedir pizza? —responde mi hermanita, aún boquiabierta ante la enorme pantalla plana de la sala.

—Mamá —la llamo. Ella me mira, sonríe y asiente. Me levanto a buscar mi teléfono en mi nueva habitación.

Subo las escaleras que llevan al segundo piso. Nunca imaginé que un departamento pudiera tener dos plantas, pero aquí está la prueba de que todo es posible.

Me dejo caer sobre la cama de plaza y media. El clóset es inmenso, repleto en gran parte por la ropa que Billie me ha estado comprando. Hay un escritorio con laptop, impresora, mesa de noche y lámpara. La habitación es blanca con detalles negros. Muy Billie, debo admitir. Y eso me hace recordarla.

Ella, indudablemente, es una maravilla.

Un golpeteo en la puerta me saca de mis pensamientos.

—Pase —digo, mirando hacia el gran ventanal. La ciudad se ve hermosa desde aquí.

—¿Puedo preguntar algo? —dice mi madre, entrando—. Aunque lo considero mi deber de madre.

Sé por dónde va, pero no puedo evadirla eternamente.

Suspiro.

—Dime.

—¿Cómo? —pregunta, mirándome fijamente. Ladeo la cabeza, confundida—. ¿Cómo conseguiste todo esto?

Tomo aire. Aquí vamos.

—¿Recuerdas cuando te hablé del trabajo? —murmuro. Ella asiente—. Mi nueva jefa… me pidió una explicación por teléfono sobre mi distracción. Tuve que contarle lo del desalojo.

—Entiendo… pero ¿ella puede permitírselo?

—Sí, mamá. Esto y mucho más.

Ella asiente y se levanta.

Llamo a la pizzería, hago el pedido y bajo al living. Mi madre habla con Sofí.

—¡Samantha! —grita mi hermana, emocionada—. ¡Mamá dice que gracias a tu jefa tenemos este palacio!

Sonrío y acaricio su cabello con suavidad.

—Sí, pequeña —murmuro, mirando la televisión.

—Espero tener una jefa así algún día —dice con inocencia.

Siento el calor subir a mis mejillas. Niego con la cabeza y me acerco al ventanal.

—¿Qué pasa, hija? —pregunta mi madre.

—Nada, ma. Solo recordé que debía revisar unos documentos —miento.

Miro el atardecer. El naranja y el rojo se funden en el horizonte. Es hermoso desde aquí.

¿En qué estará Billie?

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Billie

—Estás despedido por inepto —digo, molesta.

Samantha

Seguro es una mujer ocupada, siempre de un lado a otro.

Billie

𝙎𝙚𝙣̃𝙤𝙧𝙖 𝙊❜𝙘𝙤𝙣𝙣𝙚𝙡𝙡 Donde viven las historias. Descúbrelo ahora