No me iré con rodeos, Samantha. ¿Quién era el de la camioneta? —preguntó mi madre en cuanto cerré la puerta del departamento.
—Es un chico que se ofreció a llevarme —respondí.
Mi madre alzó una ceja y me señaló la mesa.
No pude negarme. Caminé hacia ella y me senté, mientras ella se quedaba de pie con los brazos cruzados.
—Quiero una explicación convincente, Samantha.
Aquello me cayó como un balde de agua fría. Mi mente trabajaba a toda velocidad para idear una mentira lo más rápido posible. Empecé a descartar opciones que no funcionarían. Alcé la mirada y vi que mi madre no apartaba la suya de mí. Tomé una larga y profunda respiración; de pronto, se me prendió el bombillo y comencé a actuar.
—Okey, lo diré —negué con la cabeza y crucé las manos sobre la mesa.
—Escucho —dijo, apoyando las manos en la superficie.
Tragué hondo e inicié:
—Hace un mes, aproximadamente, llegó una empresaria al restaurante. Ese día había ido a cubrir a Ariana porque su madre se había enfermado y no podía asistir. —Hablé de la forma más convincente posible—. Estaba discutiendo con su esposo; al parecer, la había engañado y el hombre no quería hacerse responsable. Yo atendía esa mesa. El tipo intentó tomarla fuerte del brazo, pero yo la defendí.
Mi madre tomó asiento frente a mí, y supe que me estaba creyendo. Era la primera vez que le mentía; nunca había sentido esa necesidad. Ella sabía todo de mí, pero no tenía idea de cómo reaccionaría si le contaba lo de Eilish.
—¿Y qué ocurrió? —preguntó, intrigada.
—Quedó así, pero hace unos días apareció de nuevo en el restaurante y me ofreció dinero. Dijo que, si necesitaba algún favor, podía contar con ella. —Mi madre asintió, pero se puso pensativa—. Yo me negué al principio, pero insistió en darme el dinero y un favor. No dudé en aceptarlo porque sabía lo de Sofi y que nos merecíamos un poco de comodidad. Hoy, al salir, decidí cobrar el favor y le pedí ayuda con las compras. Ella mandó a un trabajador suyo para que nos ayudara. —Bueno, al menos el final era un poco de verdad.
—Oh, entiendo —dijo mi madre, soltando un gran respiro.
—Y al final me di cuenta de que ella estaba al cruzar la calle, para preguntar si todo estaba bien y agradecerme nuevamente por aquel día. Me despedí y se fue —terminé la historia. Mi madre lo veía todo con comprensión.
—Los hombres no saben el daño que pueden hacer —se acercó, dejó un beso en mi frente y fue a la cocina.
—Sí, mamá, los hombres —dije, y ella asintió.
—Iré a mi cuarto —solté rápidamente y corrí hacia allí.
Me tiré sobre la cama y comencé a reírme sin hacer mucho ruido, hasta que sonó mi teléfono.
*"Hoy a las 7:00 pm te espero fuera de casa. Necesitamos hablar."* -E
No respondí porque me quedé dormida poco después de leerlo. Cuando abrí los ojos, eran casi las 6 de la tarde y las sábanas estaban pegadas a mi cuerpo.
—¡Voy a trabajar! —le grité a mi madre, y ella me devolvió el grito.
Me bañé rápidamente, pero esta vez no tenía excusa para la ropa. Tomé un pantalón de vestir negro, una camisa del mismo color que hacía juego con el pantalón y con la chaqueta del traje. Llevaba el cabello suelto cayendo por los hombros, la camisa desabotonada hasta el tercer botón, zapatos de vestir negros, un maquillaje ligero, y salí corriendo a las 5 para las 7:00 pm de casa.
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𝙎𝙚𝙣̃𝙤𝙧𝙖 𝙊❜𝙘𝙤𝙣𝙣𝙚𝙡𝙡
عشوائي𝘋𝘪𝘧𝘦𝘳𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘥𝘦 𝘦𝘥𝘢𝘥𝘦𝘴. 𝘉𝘪𝘭𝘭𝘪𝘦 𝘎!𝘱 𝘭é𝘦𝘭𝘢 𝘣𝘢𝘫𝘰 𝘵𝘶 𝘱𝘳𝘰𝘱𝘪𝘰 𝘳𝘪𝘦𝘴𝘨𝘰 𝘐𝘯𝘪𝘤𝘪𝘢𝘥𝘢 𝘦𝘭 7/03/23 𝘛𝘦𝘳𝘮𝘪𝘯𝘢𝘥𝘢 17/04/23
