Camino hacia la empresa de Billie. Me había dicho que debíamos hablar de unos viajes próximos, pero me llamaron del colegio de Sofi: urgencia. Ahora intento llegar a dos sitios. Mi hermana es prioridad; es raro que la citen por una falta. Mi madre va a la entrevista que Billie le consiguió.
Al principio, mamá se negó —como era de esperarse—, pero Sofi corrió a decirle que aceptara para pasar más tiempo juntas. Con las clases extracurriculares, da igual: Sofi es la ocupada de la casa. Nos relaja; hace lo que le apasiona: cocinar y deportes. Aún no elige favorito, quiere probar todos, pero se emociona con natación y baloncesto.
Mientras esté feliz, nosotras lo estaremos.
Mamá aceptó el empleo, aunque no sabía cuál era. Billie es un misterio hasta para sus preguntas. Tras una charla amena, le dijo que sería recepcionista en una sucursal. Mamá quiso indagar más; Billie negó: lo conocería poco a poco. Ahora solo debía asistir.
Entro al colegio buscando la oficina del director —él me llamó—. No la conozco; mamá hizo la inscripción. Veo el letrero enorme: Director Smith («Apellido tan norteamericano», diría papá). Me río internamente y toco.
—Adelante —escucho. Solo está él.
—Buenas tardes —saludo con sonrisa. Él responde con una ligera. Hombre adulto, cabello grisáceo.
—Viene por Sofia, ¿verdad? —asiento.
—¿Qué ocurre?
—En este colegio no toleramos conducta violenta —dice. Hago mueca. Él asiente, pero hay comprensión en sus ojos.
—¿Violencia? Mi hermana no es violenta —respondo pensativa.
—Quizá no sea su conducta habitual, pero guardó silencio —novedad—. No quiere decir qué causó que golpeara o iniciara la pelea con su compañera.
—¿Pelear con alguien? —aún más asombroso.
—La otra niña tampoco habla; parece asustada —se frota la frente—. La generación actual es compleja, pero debemos evitar que avance.
Siento punzada de molestia. Educamos bien a Sofi con lo poco que tenemos. Que este viejo insinúe…
—Disculpe, señor Smith, pero la educación que le hemos dado es más que suficiente para que sepa que esas conductas no son necesarias —mi rostro enrojece.
—No quiero ofender, señorita… —alzo la mano.
—Tengo el derecho de palabra —él ladea la cabeza—. Normas del buen hablante y oyente, ¿no? —traga hondo.
—Bien —asiente.
—Le hemos enseñado a resolver situaciones de otras formas. Que usted, como director, afirme que en nuestra familia faltan valores solo por compararnos con la familia promedio está mal —el hombre se arrepiente—. Si nadie rebate lo que dice, no significa que yo no defienda la educación que mis padres han inculcado. No compare: error grave. Cada familia es un mundo, un núcleo diferente. No se comparan. Como educador debería saberlo —mi furia baja.
—Disculpe, entonces —acota.
Busco a Sofi en su salón. Veo el anuncio pulcro con número y letra; toco. Murmullo, puerta abre. Mujer bajita, cabello rubio.
—Buenas tardes, ¿qué desea?
—Busco a Sofia —asiente.
Abre; entro. Silencio infantil. Diviso a Sofi cabizbaja. Voy al escritorio de la profesora; oigo «Tu hermana es bonita, Sofi» y tonterías de niños.
Me da una hoja y llama a Sofi para que salgamos tomados de la mano.
Silencio hasta el taxi rumbo a la oficina de Billie.
—¿Me dirás qué pasó? —niega, mira el paisaje.
—No te lo preguntaré dos veces, Sofia —gira.
—Una compañera te llamó puta —cierro ojos, asiento. Mamá la reprenderá.
Entramos a la empresa de tours. Subimos en ascensor; no hay secretaria. Toco, oigo murmullo y abro.
Error.
Billie con su ex, otra vez, encerradas. Mi rostro ya no muestra enojo: resignación. Gira; el mío lo define.
—Samantha, ¿podemos hablar? —se levanta rápido.
No corro, no huyo. Estoy ahí. Ella rodea el escritorio; la mujer alza ceja. De mis labios sale una frase que la deja estática:
—Rompo ahora el trato que teníamos tú y yo. Soy libre y tú lo eres de hacer lo que quieras.
Salgo, cierro, tomo la mano de Sofi y nos vamos.
Quizás un helado me haga sentir menos mujer.

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𝙎𝙚𝙣̃𝙤𝙧𝙖 𝙊❜𝙘𝙤𝙣𝙣𝙚𝙡𝙡
Diversos𝘋𝘪𝘧𝘦𝘳𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘥𝘦 𝘦𝘥𝘢𝘥𝘦𝘴. 𝘉𝘪𝘭𝘭𝘪𝘦 𝘎!𝘱 𝘭é𝘦𝘭𝘢 𝘣𝘢𝘫𝘰 𝘵𝘶 𝘱𝘳𝘰𝘱𝘪𝘰 𝘳𝘪𝘦𝘴𝘨𝘰 𝘐𝘯𝘪𝘤𝘪𝘢𝘥𝘢 𝘦𝘭 7/03/23 𝘛𝘦𝘳𝘮𝘪𝘯𝘢𝘥𝘢 17/04/23
