Hola, señor Richard. —Paso a un lado de él.
—Hola, Sam, niña. —Me da una sonrisa—. ¿Cómo estás?
—Estoy bien, ¿y usted?
—Estoy bien, pero no más que tú. Oye, una mujer elegante dejó este paquete para ti. —Extiende una caja.
Se despidió y me puse a ordenar. Las manos me picaban y decidí abrirlo.
¡Wow! Era un celular de última gama.
«Espero comunicarme lo más pronto posible.
Mi número está agendado, preciosa.
EILISH...»
Aquello estaba escrito con letra cursiva. Casi se me cae la baba cuando vi el celular.
Lo prendo y dice que ya tiene línea. El celular suena.
«Paso por ti a las 3:00 p.m.»
No había otro mensaje. Agregué mis redes sociales y el número de mi mamá; los demás podían esperar.
La hora de salida llegó y el señor Richard también. Me despedí de él.
La camioneta negra estaba estacionada en la entrada de la librería. Caminé con paso lento y me dispuse a entrar.
—Qué bueno —escuché su voz—. Pensé que tendría que pedírtelo. —Dijo con algo de gracia.
—Sabes lo que te dije ayer: no cambia nada. Tienes que decir «señora» cada vez que te dé una orden.
—Sí, señora. —Tenía miedo. El auto se puso en marcha.
—Entiendes rápido —susurró cerca de mí—. ¿Te ha gustado? —Apuntó hacia el teléfono que estaba en mis manos, en mi regazo.
—Está hermoso —dije, alzándolo—. Me gusta el color blanco; da elegancia. —No le aparté la mirada al aparato.
—Sí la da. —Yo no la miraba—. ¿Te doy miedo o algo?
—No, en lo absoluto —dije con algo de seguridad fingida.
—¿Segura?
Aunque siento que ella ya lo sabe.
—Sí —le respondí—. Segura —terminé.
—¿Sí qué? —dijo ella mientras pasaba su dedo por mi brazo descubierto.
—Sí, señora. —Ella sonrió y me movió hacia ella y me besó.
El beso era suave y muy lento. No era una inexperta, pero eran tan suaves y carnosos que me hacían volverme loca. Ligeramente me hizo entender que me sentara en su regazo; lo hice. Una pierna a cada lado, sus manos en mi cintura, apretaba delicadamente. Mis manos estaban en sus hombros cuando volví a sentir sus labios chocando con los míos.
Sentí su lengua pasar por mis labios, permitiendo el paso; se lo concedí. Podía sentir su lengua jugando con la mía, mientras mordía y halaba suavemente mi labio inferior.
—Habías querido besarte desde que te vi —susurró cerca de mis labios.
Sentía que había estado apretando fuerte sus hombros cuando me di cuenta de la fuerza que ejercía. Ella no decía nada, pero lentamente tomó mis manos y las colocó detrás de mi espalda.
—Sin tocarme, preciosa. —Eso me excitó más, haciendo que mi coño se humedeciera.
¿A quién no se le humedece el coño con una mujer como Eilish?
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𝙎𝙚𝙣̃𝙤𝙧𝙖 𝙊❜𝙘𝙤𝙣𝙣𝙚𝙡𝙡
Fanfiction𝘋𝘪𝘧𝘦𝘳𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘥𝘦 𝘦𝘥𝘢𝘥𝘦𝘴. 𝘉𝘪𝘭𝘭𝘪𝘦 𝘎!𝘱 𝘭é𝘦𝘭𝘢 𝘣𝘢𝘫𝘰 𝘵𝘶 𝘱𝘳𝘰𝘱𝘪𝘰 𝘳𝘪𝘦𝘴𝘨𝘰 𝘐𝘯𝘪𝘤𝘪𝘢𝘥𝘢 𝘦𝘭 7/03/23 𝘛𝘦𝘳𝘮𝘪𝘯𝘢𝘥𝘢 17/04/23
