Siento que me quitan la maleta y veo la mirada comprensiva del chofer de Billie cuando la sube al maletero de la camioneta. Ella me arrastra a un callejón y, antes de que mi espalda golpee la pared, me deja con suavidad. Sus ojos azules chispean rabia, pero es lo que menos me importa ahora. Yo tampoco estoy en buenos términos; no me usará. He vivido con dos empleos y una vida simple; ella no es indispensable.
—¿Te importa? —digo quitándole importancia.
—¿Ya no te intereso o qué? —suena como un rugido, pero aunque me asusta su voz, me mantengo serena.
—Puedes verlo como quieras, Billie —respondo tajante. Sus manos, a cada lado de mi rostro, están apretadas en puños; su respiración, inestable.
—No juegues conmigo —sisea, rostro cerca del mío.
—¿Y tú tienes derecho a jugar conmigo? —mi voz es sutil y calmada; creo que ella esperaba gritos y celos. No le daré eso. Debe ver esta fase de Samantha, una que no traspasará fácilmente.
—¿Jugar? ¿Qué mierda dices? —su mandíbula se tensa.
—Pude valerme sola toda mi vida; no eres indispensable —lo digo mirándola fijo. Su respiración se normaliza un poco y asiente.
—Lo sé —responde—. De eso tengo miedo —se aleja—. Te conocí independiente, valiéndote por ti misma, y temo que descubras lo capaz que eres sola por el mundo sin necesitarme como antes —confiesa.
—Señora, se nos hace tarde —dice el chofer alzando la voz.
—Vamos —camina delante, abre la puerta del auto y viajamos en silencio hacia su zona de despegue privada.
Aprovecho para leer uno de los libros que compré. Siento su mirada analizándome; de vez en cuando aparta los ojos a la ventanilla. No tengo ganas de discutir, hablar, quebrarme delante de ella ni que vea lo débil que puedo ser por ella, cuánto me tiene en sus manos. No quiero eso.
Billie POV
Está muy callada leyendo una novela llamada Renacer. No sé de qué trata; quisiera leerla con ella en mi regazo. No sé qué hice mal, pero está ausente, distante.
Estuve al borde del colapso al saber que seguía su vida sin mí en una puta semana. Saber que puede encontrar a alguien menos complicado, con vida normal, que solo le dé amor y no problemas.
La cantidad de personas que la desearían es inmensa: socios, amigos. No soy tonta ni ella lo es. Le dije lo que sentía y es como si nunca lo hubiera hecho. Tal vez no confía en mí; tal vez no le he dado motivos. Es mi culpa, lo sé: le di todo a alguien que siempre tuvo las cosas a medias. Cualquiera se vuelve inseguro; no la culpo.
Su silencio me mata, sus palabras me carcomen y me dejan en trance.
Todo por mi ex. Pensé que no lo tomaría tan mal; fue mi culpa. Ella nunca tuvo un ex molestoso detrás; si lo tuviera, ya estaría muerto. Ella me ha dado todo: sin problemas, disgustos ni malos ratos. Yo, en cambio, soy su dial. Debo entenderla.
El viaje no es lo mismo sin sus risas. Solo queda admirarla y evitar que se tire por la ventanilla y termine muerta. Si ella muere, yo muero. ¿Cómo llegué a pensar eso? No lo sé, pero aquí estoy, sintiéndolo en silencio como ella.
¿Qué pensará? Difícil saberlo, pero no imposible. Si se lo saco, lo sabré.
Aún no entiendo cómo estuve casada; aún no entiendo cómo ella puede considerar casarse conmigo.
—¿Me perdonarás lo que sea que hice? —pregunto mientras no deja que nadie lleve su maleta. No responde—. Samantha —la llamo. Gira el rostro, alza una ceja, lo vuelve a girar. Quedo frustrada.
Unos pasos más—. ¿Qué fue lo que hice? —insisto. Hace lo mismo y sigue caminando.
Otros pasos—. Tengo 40 años y le ruego prácticamente a una mujer de la mitad de mi edad que me perdone. ¿Acaso no tengo méritos? —digo. Se gira, se encoge de hombros.
—Si no hubieras hecho algo que sabes que hiciste, no estarías pidiendo perdón ahora —responde y continúa.
Me enredo el cerebro; juro que fui hombre en otra vida.
—¿Qué? —le alcanzo el paso. Me dedica una sonrisa.
—Quiero una habitación diferente a la tuya —y con eso mata todas mis iniciativas.
—Dos habitaciones, por favor —murmuro en recepción con cara de pocos amigos.
—Gracias —dice al tomar su llave y dirigirse a su cuarto. Antes de cerrar, la tomo del brazo.
—No sé qué hice para causar esta indiferencia, tu mutismo y querer estar en otra habitación —digo rápido—. Pero haré lo posible para demostrarte que estás equivocada y que lo que siento por ti es muy real.
Le suelto el brazo, entro a mi habitación y escucho cerrar la suya.

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𝙎𝙚𝙣̃𝙤𝙧𝙖 𝙊❜𝙘𝙤𝙣𝙣𝙚𝙡𝙡
Разное𝘋𝘪𝘧𝘦𝘳𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘥𝘦 𝘦𝘥𝘢𝘥𝘦𝘴. 𝘉𝘪𝘭𝘭𝘪𝘦 𝘎!𝘱 𝘭é𝘦𝘭𝘢 𝘣𝘢𝘫𝘰 𝘵𝘶 𝘱𝘳𝘰𝘱𝘪𝘰 𝘳𝘪𝘦𝘴𝘨𝘰 𝘐𝘯𝘪𝘤𝘪𝘢𝘥𝘢 𝘦𝘭 7/03/23 𝘛𝘦𝘳𝘮𝘪𝘯𝘢𝘥𝘢 17/04/23
