Camino hacia la librería. He tenido una madrugada de pensamientos dedicados a la hermosa mujer, aunque mi mente trata de entender qué tengo que hacer si acepto.
Supongo que me dará instrucciones sobre lo que debo hacer y lo que no. Me siento tonta, pero me está ofreciendo una oportunidad para ayudarme. Quizás pueda dejar uno de los empleos y seguir estudiando. Podría costearlo. Ariana me dijo que con el que salía le daba todo a cambio de que ella estuviera siempre para él. Algo observé, aunque ella es atractiva. No sería como una obligación; es más bien algo que me gusta hacer.
¿Será que le escribo preguntando cómo sería? No me quita nada intentarlo, a menos que pida vernos. No creo que pueda negarme. Sus labios son suaves y ayuda el hecho de que me gusten las chicas, aunque es algo que mi madre no sabe a ciencia cierta. Madre es madre y ella lo sospecha, pero de ella no creo.
Suena la puerta de la tienda: he entrado. Mi jefe, Richard.
-Sam -dice, llegando a mi lado y dándome un beso en cada mejilla-. Qué bueno que has llegado. Tengo que ir al médico y una señora quiere sus compras -sale del local murmurando algo.
-¿Qué libro me recomiendas para que aceptes mi propuesta? -su voz es espesa y delicada, como una mezcla tan única.
Siento mis mejillas sonrosadas y alzo la mirada. Impecable era poco. Venía vestida con un traje azul oscuro de pequeñas rayas, una camisa que debía ser de seda por cómo se veía el material, ligeramente abierta hasta casi el inicio de sus senos. Aquellos labios ligeramente rojos y sus ojos azules enmarcados y bastante notorios. Sé que debe llevar unos de esos zapatos caros por su atuendo, pero su cabello negro hacia el lado derecho le daba un toque magnífico.
-Señora -digo, ahora mirándola lo que puedo. Ella intimida, pero te da esa confianza para no hacerlo.
-Me puedes decir Eilish, Samantha -dice con una sonrisa en sus labios.
-Eilish -murmuro.
Al llevar tacones, tenía un poco más de altura que yo, pero eso era lo de menos.
-Entonces, ¿qué me recomiendas? -se apoya en el mostrador.
-Estaba por escribirle -la miro.
Ella ladea la cabeza y alza una ceja.
-Escucho, Samantha.
-Quería saber cómo sería -entrelazo mis manos en el mostrador.
-Tienes que negar para saber, pero como he visto temor en tus ojos, te voy a decir -la miro.
-Tienes que obedecerme, tienes que estar para mí en cualquier momento. Me ayudarás en mis necesidades, ya sabes en qué aspecto. A cambio, tendrás todo lo que me pidas.
-Entonces yo... -mis palabras se pierden.
-Tendrás lo que quieras, Samantha -me toca la mejilla.
Mi cabeza tiene miles de pensamientos y veo que ella los está descifrando. Me doy la vuelta y comienzo a caminar por otro pasillo de libros; ella va pacientemente detrás de mí.
-¿Qué te detiene, Samantha? ¿Un novio o novia? -pregunta.
Comienzo a negar, aunque no está frente a ella; sé que lo ha visto.
-¿Que yo sea una mujer? -vuelve a preguntar y, en ese momento, me giro y comienzo a negar.
-¿Entonces? -vuelve a preguntar, ahora pasando por mi lado y tomando un libro. Comienza a hojearlo-. Puedes tener un solo trabajo, o simplemente no tenerlo -continúa pasando las páginas mientras yo me apoyo ligeramente en esa estantería de libros. Alzo la mirada.
-¿Algo te agobia? -pregunta ella.
-Recibimos el amor que creemos merecer -digo sin mirarla.
-Yo solo estaré para ti en todo lo que me pidas. No habrá amor.
-¿No te incomoda? -pregunto.
-Solo una vez te lo diré y este tema se cierra. ¿Entiendes? -dice mirándome, y como si ya fuera suya, asiento.
-Entiendo -fue lo único que dije.
-El amor que le tenía a mi mujer se acabó -su mirada era dura-. Es mutuo -se giró y siguió caminando.
-Está en ti, Samantha -fue lo último que dijo antes de salir de la tienda. Sin darme cuenta, ya estaba de nuevo en el mostrador.
Pude ver cómo su camioneta color negro dejaba la entrada y caí rendida, con mis pensamientos a mil, en la silla del mostrador.
El señor Richard llegó antes, así que me dejó salir unas dos horas antes de acabar mi turno.
-Sí, madre, ya voy llegando -dije antes de colgar el teléfono. Antes de poder darme cuenta, el teléfono estaba a punto de apagarse cuando me llegó un mensaje de Eilish. No pude leerlo porque se apagó.
-¡¡MIERDA!! -grité, guardando el teléfono.
-¿Llevas tu teléfono? -pregunta mi madre; la batería no había querido cargar.
-No -dije mientras mordía el emparedado de mermelada.
-¿Por? -preguntó de nuevo mientras Sofi llegaba jugando con Toby.
-No quiso cargar más -suspiré y ella asintió.
-Todo mejorará, cariño -dijo mientras dejaba un beso en mi cabeza y fue a darle un poco de pan al pequeño perro.
Llegué al restaurante y, como siempre, lo mismo de siempre: de aquí para allá, de allá para acá.
La señora Eilish era lo que no me sacaba de la cabeza y, al verla ahí, riendo y riendo con sus amigas, era lo que más mal humor me ponía.
Selene me llama.
-Diga -pregunté.
-Puedes traernos el mismo postre, por favor.
-Sí, claro. ¿Es todo? -retiré las cartas. Cuando recojo la de la señora, me entrega un papel por debajo de esta-. Ahora se los traigo.
Veo lo que dice:
¿Leíste mi mensaje?
El pedido ya está y voy a entregarlo, pero antes le respondo:
Celular muerto
-Aquí están los postres -le entrego el postre junto con el papel-. Es todo, disfrútenlo.
Esto es tan agotador. Me mantengo atendiendo las demás mesas.
Eran las 5 de la tarde cuando deciden que ya es hora de irse y me llaman para la cuenta.
-Sí, ahora les traigo el cambio -la señora me entrega el forro de cuero con el papel en su interior.
¿Qué dice el papel?
¿Qué dices, aceptas mi propuesta?
Voy con el cambio, no sin antes responder a esa pregunta. Le entrego el cambio y el papel. ¿Qué decía aquel papel?
Sí, acepto tu propuesta..
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