Voy a paso rápido por las calles. Mi madre debe de estar esperándome en el parque donde habíamos acordado encontrarnos, pero gracias a Billie y su gran y maravillosa idea de mover cantidades ingentes de dinero, hemos tenido un problema.
Pasé de tener cero ingresos a casi ser dueña de una empresa. Imagino que eso piensa el banco, porque yo no le encuentro sentido a las cantidades que ahora ingresan a mi cuenta.
Luego saqué un poco en plan víctima, por si lo necesitaba para salir con mi madre. ¿Qué esperaba Billie? ¿Que estaría comprando autos, un apartamento, ¡¡un edificio!!? Esa mujer sí que puede ser exagerada cuando se trata de dinero.
Veo a mi madre sentada; está tomando un helado. Recuerdo cuando ella nos contaba las historias con mi padre y sus salidas. Siempre anhelé una relación así, de esas bonitas que quedan para contar los hechos y momentos en que fueron afortunados de tenerse el uno al otro.
Sé lo difícil que se lo tuvo que ver ella y por eso tomé decisiones ajenas a mi propia voluntad para ayudar en casa: dejé mi sueño de ser chef para trabajar y contribuir.
Sofi no entendía mucho en ese entonces; ahora no sé si va entendiendo las cosas, pero sé que trata de ser un pequeño problema y no exigir nada.
—Mamá —la llamo, dejando un beso en su mejilla, y me giro para sentarme a su lado. Ella solo gira su rostro con una sonrisa y me ofrece un poco de helado.
Con gusto tomo un bocado y el resto dejo que ella lo disfrute. Estamos un rato en silencio mientras vemos a la gente caminar: otros reír, algunos pasear a sus perros, otros ir de la mano y otros solo con sus audífonos; algunos van comiendo, otros están leyendo, y nosotras admirando a toda esta población de personas a nuestro alrededor.
—Antes era agradable —habla de repente mi madre. Me enfoco en ella y la veo sonreír.
—Y ahora también lo es —toma mi mano sin dejar de mirar al frente.
—¿Qué te apetece hacer? —le pregunto, levantándome y colocándome delante de ella.
—Estaría bien solo pasar el día contigo —esa es su simple respuesta. No digo nada más, así que comenzamos nuestro camino a algún rumbo sin sentido por las calles de esta ciudad.
__
—¿Entonces qué dices? —me pregunta Billie mientras estamos en su oficina. Tengo mi cabeza en su regazo mientras ella me da de poco en poco fresas en la boca.
—No sé qué decir, eso es mucho, Billie —digo, y ella agita su cabeza en negación.
Acerca y aleja la fresa, causando que vaya en busca de ella, pero antes de poder atajarla con mis labios, ella me besa.
Y debo admitir que prefiero mil veces el sabor de sus labios sobre los míos que las fresas, aunque ambas juntas son, sin lugar a dudas, la majestuosidad en mis labios.
Estamos en un beso suave y sutil; siento sus manos en mi rostro y cómo hace círculos. Sus labios toman los míos y, cuando siente que va subiendo de tono, se separa.
—Responde —dice demandante, y mientras estoy en mi mundo de labios y fresas, asiento.
La veo alzar sus manos en forma de ganadora y dejar muchos besos en mis labios.
—Todo está listo, solo faltaba que dijeras sí —murmura, dejando mi cabeza apoyada en una almohada. Pero debo admitir que estaba mejor en sus piernas.
Ella camina hacia su escritorio y luego lentamente se acerca a mí; trae una silla y la coloca cerca de donde estábamos. Saca de un sobre unos papeles, me siento de nuevo y ella saca un bolígrafo de su chaqueta y me lo extiende.
—Eres la nueva socia del restaurante Piero's —dice mientras dejo mi firma.
__
Estoy en mi cama mirando hacia el techo y pensando en todo lo que ha estado pasando esta semana: una salida con mi madre en buen plan recorrido; comimos y disfrutamos de infinidades de cosas mientras Sofi estaba en sus clases extracurriculares. Luego está lo de Billie y ser socia casi mayoritaria, tomar decisiones y demás cosas que implica ser casi dueña de un negocio.
Además, fui a ver a los otros socios y, sin tomar en cuenta la cantidad de molestia que vivió Billie por el hombre que estaba viendo mi trasero, todo fue bastante pulcro y perfecto. Son gente con mentalidad de grandeza y es maravilloso.
Hablé con el chef encargado de esta hermosa cocina y cómo está dispuesto a enseñarme un poco más de lo que ya sé en cuanto a la cocina. Billie estaba tan emocionada como yo, pero lo guardaba muy bien. Obviamente todo lo comenté esa misma noche cuando hicimos el amor y soltó todos sus pensamientos sobre lo ocurrido.
Pero ahora me había llegado un mensaje de mi Sugar Mommy y debía ir a su oficina. No sé qué es lo que trama, pero me llamó muy misteriosa y dijo que quería darme una sorpresa.
Tomo una ducha y me coloco mis jeans negros, una camisa de botones color blanco con rayas negras, unas botas negras, un ligero maquillaje, unas prendas, mi bolso y salgo de casa. Mi madre no pregunta nada, pero me da su bendición.
—¿Billie? —digo a la secretaria, que me ve con una sonrisa que luego pasa a una expresión impresionada y traga hondo.
—En su oficina —dice mientras baja su mirada rápidamente a unos papeles en su escritorio.
Me encojo de hombros. —¿Puedo pasar? —pregunto, y ella niega. —¿Pasa algo? —vuelvo a preguntar, y ella niega.
Pero está estirando su mano hacia el intercomunicador cuando se abre la puerta de la oficina, de la que debería ser solo mi mujer. Pero sale una hermosa mujer de ojos azules y siento mi cuerpo y cara arder.
Estoy considerando que la secretaria ya va entendiendo quién soy yo, aunque lo hemos tenido bajo perfil, pero se revela aún más cuando ella se levanta de golpe y solo dice: «Está llegando la Señorita Cabello». No quiero hacerla sentir mal, así que entre mi molestia asiento, mirando los ojos azules penetrantes de Billie encima de mí, alternando la mirada entre su secretaria con la mirada petrificada y, seguro, el ardor en mis mejillas.
—Vuelvo luego —me giro y entro rápido al ascensor. Escucho la voz de Billie llamándome, pero no le doy importancia cuando, aún de espaldas, espero que se cierren las puertas.
Salgo corriendo. Puedo ser una romántica empedernida, pero que alguien venga corriendo detrás de mí no es mi prospecto para escapar. Entro en el taxi cuando veo a Billie salir por la puerta de su empresa; mira para todos lados, pero no logra descifrar en dónde estoy.
El taxi se aleja.
Estoy sentada en el parque del día que pasé con mi madre, pero a diferencia de ese día estoy en la grama apoyada a un árbol. Mis pensamientos no dejan de opinar, así que dejo todo un pequeño momento cuando siento que alguien se está sentando a mi lado.
—Hola —murmura una voz grave, una voz conocida por mí, la voz de mi amigo Harry.
No digo nada, solo apoyo mi cabeza en su hombro mientras siento su mano en mi rodilla.
Y así pasé esa tarde.

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𝙎𝙚𝙣̃𝙤𝙧𝙖 𝙊❜𝙘𝙤𝙣𝙣𝙚𝙡𝙡
Разное𝘋𝘪𝘧𝘦𝘳𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘥𝘦 𝘦𝘥𝘢𝘥𝘦𝘴. 𝘉𝘪𝘭𝘭𝘪𝘦 𝘎!𝘱 𝘭é𝘦𝘭𝘢 𝘣𝘢𝘫𝘰 𝘵𝘶 𝘱𝘳𝘰𝘱𝘪𝘰 𝘳𝘪𝘦𝘴𝘨𝘰 𝘐𝘯𝘪𝘤𝘪𝘢𝘥𝘢 𝘦𝘭 7/03/23 𝘛𝘦𝘳𝘮𝘪𝘯𝘢𝘥𝘢 17/04/23
