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POV: Samantha

Abrí la puerta de casa con el corazón latiéndole un poco más rápido de lo normal. El día había sido una montaña rusa y aún llevaba el sabor de los labios de Eilish en la boca.

—Hola, mamá —dije, dejando el bolso a un lado. Dentro iba el vestido que había usado la noche anterior; Eilish insistió en que me pusiera una camiseta y jeans para “no levantar sospechas”.

Ella estaba en la cocina, tomándose un café. Se giró al oírme.

—Samantha, ¿podemos hablar un momento? —preguntó con esa calma que siempre me ponía nerviosa.

Asentí, me senté frente a ella y traté de parecer relajada.

—No sabía que tenías esa camiseta —comentó, señalando la prenda prestada.

—Me la prestaron. Me regué la otra —mentí, rascándome la nuca con una sonrisa de disculpa.

Ella asintió, tomó un sorbo de café y entrelazó los dedos.

—Quiero saber algo… ¿Estás saliendo con alguien?

El aire se me quedó atascado en la garganta.

—No, ma —respondí rápido. Ella alzó una ceja—. En serio.

—Solo quiero que me tengas confianza —dijo, suavizando la voz.

Asentí, me levanté y le dejé un beso en la frente.

—Voy a cambiarme. ¿Vamos de compras?

—¿Y el trabajo?

—Hoy estoy libre —sonreí.

Ella me devolvió la sonrisa.

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Unas horas después – Centro Comercial.

Sofi corría de un lado a otro, señalando vitrinas como si fueran tesoros. Mi madre la seguía con una mezcla de resignación y cariño.

—¡Sami, mira! —gritó Sofi frente a una tienda de juguetes, pegando la nariz al cristal—. ¡La muñeca que quería!

Mamá suspiró.

—Sofi, sabes que…

La interrumpí.

—Se lo merece —le dije a mi madre en voz baja—. Yo no tuve muchas cosas de niña. Si podemos dárselas, ¿por qué no?

Ella me miró un segundo, luego asintió y sonrió. Sofi ya estaba dentro de la tienda, abrazando la caja como si fuera un trofeo.

Más tarde, en una tienda de ropa, mi madre se probó un vestido azul que le quedaba perfecto. Giró frente al espejo y nos miró con timidez.

—¿Qué tal?

—Estás guapísima —dije, riendo. Sofi aplaudió. Hasta la dependienta se animó y nos ayudó a elegir más prendas.

Yo no compré nada. ¿Para qué? Eilish ya había pagado todo lo que necesitaba y más.

Comimos helado en la plaza de comidas. Mi teléfono vibró.

Eilish:¿Qué haces? 

Yo: De compras con mi familia.
 
>Eilish:¿Qué compras?

Yo:Ropa, cosas para la casa, útiles de Sofi.

Eilish:¿Necesitas más dinero?

Yo:No, es suficiente. Gracias <3

Eilish: Obvio necesitas más. Ya te pasé. 

—EILISHHHHHH —escribí, pero ya era tarde.

Eilish:Así me gusta. 

Sonreí como idiota. Mi madre me miró con curiosidad.

—¿Con quién hablas, hija?

—Una compañera de trabajo —mentí otra vez.

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Las bolsas pesaban como plomo. Mi madre reía mientras intentábamos equilibrar todo.

—¿Pedimos un taxi? —propuso.

Antes de que respondiera, una voz conocida me llamó.

—Señorita.

Era Kamsutra, el chofer de Eilish, sonriendo desde la camioneta negra.

—La señora O’Connell me mandó a llevarlas —dijo en voz baja, señalando a mi madre con la cabeza.

Suspiré, pero no pude evitar reírme.

—Mamá, déjalo ayudar.

Entre los tres cargamos todo. En el camino a casa, Sofi no paraba de hablar de su muñeca. Mi madre, por primera vez en mucho tiempo, parecía relajada.

Al llegar, el chofer descargó las bolsas. Mi madre le dio las gracias con una sonrisa genuina.

—Señorita —me llamó en voz baja—. La señora quiere verla.

Miré hacia la calle. Otro auto se estacionaba. La ventanilla bajó.

—Sube —dijo Eilish.

Crucé la calle con el corazón en la garganta. Me senté en el copiloto.

—¿En serio lo mandaste? —pregunté.

—Lo necesitabas —respondió, alzando una ceja—. No sé de qué te quejas.

Me atrajo hacia ella. El beso fue lento, profundo, como si el mundo se detuviera. Sus manos en mi cintura, las mías en su cuello.

Se separó apenas.

—Ten —dijo, entregándome una cajita.

La abrí. Un iPod negro, brillante, con auriculares incluidos.

—No, eso es mucho…

—Te gusta la música. Disfrútalo.

Me lancé a besarla otra vez. Ella rio contra mis labios.

—Te regalaré más cosas si sigues haciendo esto.

—Anda, preciosa —susurró, dejando un último beso suave—. Te esperan en casa.

Bajé del auto con el iPod en la mano. Crucé la calle, recogí las bolsas que había dejado con el chofer.

Al alzar la vista, vi a mi madre en la ventana. Me miraba fijamente.

El auto de Eilish ya se había ido.

Suspiré, entré en casa y cerré la puerta detrás de mí.

𝙎𝙚𝙣̃𝙤𝙧𝙖 𝙊❜𝙘𝙤𝙣𝙣𝙚𝙡𝙡 Donde viven las historias. Descúbrelo ahora