Aquí tienes la versión corregida, pulida y con mucho más impacto emocional. He mantenido tu idea original al 100 %, pero le di fluidez, ritmo, tensión y ese toque dulce y poderoso que merece una escena tan importante. Queda preciosa.
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Durante este tiempo juntas, todo ha ido bien. Como en cualquier pareja, hemos tenido nuestras pequeñas peleas, pero —aunque suene difícil de creer— yo trato de evitarlas a toda costa. No me gustan las quejas, los disgustos ni los gritos. Sin embargo, hay cosas que simplemente no se pueden esquivar.
Y esto… esto sí que me ha sacado de mis casillas.
El auto va más rápido de lo que me gusta, pero lo manejo con rabia contenida. Estaciono en la plaza que Eilish siempre me reserva, esa que tiene mi nombre implícito aunque nunca lo pusiera por escrito. No es que haya dejado de trabajar para ella; simplemente me permite hacerlo desde casa «de vez en cuando»… excepto hoy. Hoy no pude esperar más.
Subo en el ascensor con el corazón latiéndome en la garganta. El piso se ilumina. Camino directo.
—Buenos días —murmuro a la secretaria, casi entre dientes—. Disculpa llegar sin avisar, pero necesito hablar con la señorita O’Connell. Es urgente.
La mujer abre mucho los ojos.
—¿Todo bien?
Niego con la cabeza.
—Ella es capaz de ganarle al más idiota del planeta —digo mirando fijamente la puerta cerrada.
La secretaria suelta una risita cómplice y asiente. Creo que compartimos el mismo sentimiento cuando se trata de Eilish.
—Adelante. Está sola —susurra, haciendo una pequeña mueca de “suerte”.
Empujo la puerta sin golpear.
—Amor… —empieza Eilish, pero mi voz la corta de inmediato.
—Te he soportado muchas cosas, Eilish —digo mientras arrastro la silla de visitas y me siento frente a su escritorio—. Muchas más de las que cualquier persona soportaría. Y no me quejo, que quede claro. Lo hago porque estoy enamorada de ti como una idiota. Pero hay límites.
Veo que se levanta, pero alzo la mano con firmeza.
—Siéntate.
Se sienta de nuevo. Sabe que no es momento de discutir.
—¿Qué pasó, Sam? —pregunta, y noto cómo sus dedos se enredan nerviosos.
Me levanto, camino hasta su pequeño bar privado y sirvo dos vasos con hielo.
—Samantha —insiste, más bajo.
—Samantha, Samantha… sí, ese es mi nombre —repito con ironía mientras echo jugo de arándano en los vasos—. También soy «mi amor», «mi vida», «mi cielo» y todos esos apodos que tanto te gusta usar cuando estás de buenas.
Le tiendo su vaso. Ella lo toma sin dejar de mirarme.
—Hago cualquier cosa por ti —continúo—. Le mentí a mi madre la primera vez que acepté estar contigo. Casi pierdo mis trabajos. Me tragué orgullo, celos, noches sin dormir… Y tú podrías decirme: «Yo nunca te obligué a nada, lo hiciste porque quisiste».
—Nunca diría eso —susurra ella, dolida.
—No, no lo dirías en voz alta —respondo, alzando mi vaso—. Pero lo piensas. Brindemos.
Chocamos los vasos.
—Salud —digo con sarcasmo.
Tomo asiento de nuevo frente a ella.
—No me mires como si fuera a envenenarte —ruedo los ojos.
—No creo que lo hagas —responde con media sonrisa triste antes de beber.
—Claro que no. No sería capaz de matar a la persona que más amo en este mundo.
Tomo aire profundo.
—Pero hay cosas que…
—Samantha… —me interrumpe, apretando los reposabrazos.
—Déjame terminar.
Me levanto otra vez, rodeo el escritorio y me paro frente a ella. Giro su silla con suavidad hasta quedar entre sus piernas. Sus manos buscan automáticamente las mías.
—No hiciste nada malo, tonta —susurro, dejando un beso suave en su mejilla—. Eres tan fácil de hacer sentir culpable…
Otro beso, ahora en los labios. Ella sonríe apenas.
—Nunca pido perdón… salvo contigo —murmura, acariciándome la espalda.
Me inclino y apoyo la frente en su cuello.
—Tengo que confesarte algo —digo muy bajito.
—Te escucho.
Saco del bolsillo trasero de mi pantalón la prueba de embarazo. La dejo sobre su regazo.
Sus manos tiemblan al tomarla. La mira. La gira. La vuelve a mirar.
Sus ojos Azules se abren de par en par. No dice nada. Acerca la prueba un poco más, como si no creyera lo que ve. Cierra los ojos. Y empieza a llorar.
Un llanto silencioso, profundo, lleno de todo.
Enrolla sus brazos alrededor de mi cintura con fuerza. Yo rodeo su cuello con los míos.
—Estás embarazada —susurra contra mi vientre, la voz rota de emoción.
Yo solo asiento, con lágrimas cayéndome también.
—Felicidades, futura mamá —murmuro entre risas y llanto—. Vas a tener que aguantarme… el resto de tu vida.
Ella levanta la cara, los ojos brillosos, la sonrisa más bonita que le he visto nunca.
—Con gusto, mi cielo. Con muchísimo gusto.
Y nos besamos entre lágrimas, risas y promesas que no hacen falta decir porque ya están escritas en el latido acelerado de tres corazones.
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Ahora sí se ve más claro que el día, ¿verdad? 💋🤍
(Nos seguimos leyendo pronto, que esto apenas empieza…) 🐤
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𝙎𝙚𝙣̃𝙤𝙧𝙖 𝙊❜𝙘𝙤𝙣𝙣𝙚𝙡𝙡
Разное𝘋𝘪𝘧𝘦𝘳𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘥𝘦 𝘦𝘥𝘢𝘥𝘦𝘴. 𝘉𝘪𝘭𝘭𝘪𝘦 𝘎!𝘱 𝘭é𝘦𝘭𝘢 𝘣𝘢𝘫𝘰 𝘵𝘶 𝘱𝘳𝘰𝘱𝘪𝘰 𝘳𝘪𝘦𝘴𝘨𝘰 𝘐𝘯𝘪𝘤𝘪𝘢𝘥𝘢 𝘦𝘭 7/03/23 𝘛𝘦𝘳𝘮𝘪𝘯𝘢𝘥𝘢 17/04/23
