15 Alemşah

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1505, fínales

Alemşah estaba preocupado por lo que Ayşe Hafsa había descubierto de él. Kemer Ağa le suplicó que no lo dejara por nada del mundo, que él lo amaba con locura y no podría vivir sin él. Ambos eran amantes desde hace tiempo, el príncipe mantenía una relación amorosa - sexual con el eunuco del palacio.

Mahmud solo veía a su hermano inquieto y algo preocupado, no le preguntaba porque sabía que era muy reservado con las cosas que solo a él le competían y no quería sonar chismoso o entrometido, a diferencia de los mayores ellos si se llevaban bien puesto que no eran los principales candidatos al trono de su padre.

— Parece que hubieras visto al diablo, Alemşah — dijo Mahmud — ¿Qué tienes?

— Nada hermano, solo pensaba en cosas del imperio — dijo el príncipe.

— Eres muy curioso hermano — dijo Mahmud — deberías de soltarte un poco más, ser más abierto a todo y así o nunca podrás tener algo más con los demás.

Alemşah asintió para calmar la curiosidad de su hermano Mahmud. Luego fue a sus aposentos y pidió ver a Kemer Ağa para hablar con él, necesitaba hablar con Ayşe Hafsa y pedirle que no dijera nada de lo que ella vio en aquel lugar. Esa era la única solución que veía.

— Creo que lo mejor es que nos reunamos en algún lugar para hablar del tema con ella — dijo el príncipe temiendo lo peor para él y su familia — Ojalá que no revele nada.

— ¿Y como le haremos? — pregunto el príncipe con preocupación.

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La respuesta estaba en las manos de Ayşe Hafsa quien había desaparecido de aquel lugar y de los pasillos del palacio, corrió lo suficiente para poder llegar hasta el harem sin embargo fue detenida por la interrupción de una mujer con la que tropezó. Esa dama era la concubina del príncipe Ahmed, una mujer hermosa y muy inteligente ante ella. Su nombre era Mihrişah Hatun.

Mihrişah escuchó sobre la esposa de Selim, una dama inteligente, respetuosa y sobre todo venía de una familia reinante por lo que su nivel era alto ante las demás mujeres del harem, la dama estaba ante el yugo de su suegra Bülbul por lo que era solo una sombra más.

— Perdón no fue mi intención — dijo Ayşe Hafsa Kadın.

Mihrişah sonrió con suavidad y ayudó a la dama enfrente suyo a levantarse del suelo. Era intrigante como Hafsa era una mujer además sencilla y noble, sin ninguna pizca de soberbia y altivez ante los otros.

— No te preocupes, sin cuidado — dijo — ¿Ya estuviste con las demás en el jardín?

— Si, solo que canse y quise venir a recostarme. Es muy distinto a Trebson — dijo Ayşe Hafsa.

— Lo mismo digo de Amasya, es un lugar realmente caluroso y encantador a diferencia de la capital — sonrió la otra mujer.

— ¿Ya escucharon? — pregunto una concubina de nombre desconocido — El Sultán ha decidido que el Şehzade Ahmed sea el heredero del imperio.

La noticia caía como una cubeta de agua helada para la esposa de Selim. Eso significaba solo que si algún día Ahmed ascendía al trono asesinaria a su esposo e hijos y el futuro por el que habían soñado estaba en peligro eminente.

Solo sonrió.

— Que Allah los bendiga Hatun — dijo Ayşe Hafsa.

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Luego de estar con el harem, Ayşe Hafsa fue a sus aposentos con sus hijos. Cuando entro decidió recostarse un poco y dormir, tenía tanto sueño y estaba cansada de todo y todos en el palacio. Desde que llegó a la capital con su esposo no paraba de extrañar su palacio y la comodidad de Trebson, para mal o bien el palacio del sultán no era su palacio.

Ayşe Hafsa Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora