27 de marzo de 2022
—Diez minutos para que empiece la carrera y se nota la tensión en el box —hablé a mi cámara mientras intentaba no tropezar con ningún cable—. Necesitamos que nuestros chicos lo hagan bien, porque lo de Baréin... mejor no recordarlo.
El finde había pasado volando, y con la carrera a punto de terminar, lo único que deseaba era que el reloj corriera más rápido. Mañana, todos volábamos en el avión de Max a Dubái, donde nos esperaba una villa espectacular, sol, piscina, y, si todo iba bien, cero estrés.
¿Quiénes íbamos? El escuadrón completo: Pierre, Max, Charles, Lando, Carlos y yo. Daniel estaba invitado, claro, pero prefirió pasarse las dos semanas con su familia. Y considerando que la siguiente carrera era en Australia, nadie lo juzgaba.
La carrera arrancó con Max tercero y Checo en pole. Las primeras vueltas fueron calmadas. Alguna que otra bandera amarilla para mantenernos en vilo, pero el drama de verdad llegó en las últimas diez vueltas. Charles y Max peleaban como si les fuera la vida. Y en la 47... ¡zas! Max pasó primero. El box explotó. Aplausos, gritos, emoción total.
Max ganó. Charles segundo. Carlos tercero. Checo cuarto. Red Bull contentos. Ferrari... regulín.
Fui con el equipo al podio. Saqué el móvil de Red Bull y grabé a Max levantando el trofeo mientras sonaban los himnos. Qué momentazo. Y justo ahí, sentí unos ojos clavados en mí. Sí, adivina... Charles. Desde arriba, me miraba como si yo también fuera parte del trofeo.
—Necesito ir de compras —le dije a Naia, que estaba a mi lado—. Mañana me voy a Dubái y no tengo ropa decente.
—¿A estas horas? —miró su reloj— Son las nueve, B.
—Mierda —resoplé—. Pues tocará improvisar en Dubái. Qué novedad.
Después del podio, el equipo se dispersó. Mi trabajo había terminado, así que planeaba volver al hotel y meterme en la cama... pero, claro, apareció el monegasco.
—Bianca —dijo Charles, sonriendo con ese encanto molesto que sabe que funciona—. ¿Cenamos?
—¿No estás cansado? —pregunté, notando el sudor y el Champagne en su cuerpo.
—.Podemos pedir en el hotel y que lo traigan a mi habitación. ¿Vamos?
—¿Y tus entrevistas?
Él se encogió de hombros y caminamos hasta el coche que Ferrari le había dado para los días que pasara aquí, como el hotel estaba al lado del circuito, en cinco minutos estábamos en su habitación.
—Voy a ducharme —dijo mientras cogía ropa limpia—. Pide lo que quieras. Como de todo.
Revisé el menú, llamé, y mientras tanto, me puse a ver redes sociales. Al rato, tocaron la puerta. Abrí, y me encontré con un camarero de unos veinticinco años con sonrisa de "me creo irresistible".
—Si llego a saber quién está aquí, habría venido antes. ¿Te hace falta compañía?
¿Perdona?
—No hace falta, gracias —respondió otra voz desde dentro.
Charles apareció con el pelo mojado, vestido ya, y con cara de pocos amigos. Le sonrió con sarcasmo y empujó el carrito hacia dentro antes de cerrarle la puerta en la cara.
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RED BLOOD - CHARLES LECLERC
FanfictionBianca y Charles tienen una relación cargada de odio desde que se conocieron en el colegio. A lo largo de los años, su odio se ha mantenido, incluso compartiendo el mismo lugar de trabajo en la actualidad. A pesar de tener un vínculo en común, ya q...
