22 de mayo de 2022
Hoy me ha tocado ver la carrera desde casa. Sí, suena aburrido, pero no es porque Charles no me haya invitado al box. No, la culpa fue de Arthur. Maldito Arthur. Gracias a él estoy medio inválida, con el pie vendado y tumbada en el sofá como si tuviera ochenta años.
La escena fue de comedia absurda. Imagíname a mí, toda motivada, colgando una estantería como si fuera una experta en bricolaje (spoiler: no lo soy), subida a una escalera medio coja y con el taladro en la mano. De repente, entra Arthur como un torbellino, sin avisar, abriendo la puerta de golpe. El susto fue tal que perdí el equilibrio, me tambaleé como un pingüino borracho y... ¡boom! Al suelo directa. El grito que solté hizo eco por todo el edificio.
¿Y qué pasó después? Pues cuatro horas en urgencias, esperando a que nos atendieran, rodeada de gente tosiendo, niños llorando y una señora que hablaba por teléfono como si estuviera dando una conferencia internacional. Una experiencia inolvidable, vamos.
Así que ahí estaba yo, tirada en el sofá, con un plato de pasta medio frío y la pierna en alto, esperando a que empezara la carrera. Faltaban veinte minutos y me sentía como una señora mayor viendo la telenovela de las cuatro. Aburrida no, lo siguiente.
Todo el mundo estaba en Barcelona, pasándoselo bien: Arthur incluido, que acababa de correr la primera carrera de F3 y quedó cuarto (¡milagro!). El ambiente allí era pura adrenalina. Y yo... en bata y con mi pierna como salchicha cocida.
La clasificación había salido preciosa. Charles en la pole, seguido de Max, Carlos, Russell y Checo. Oro puro. Revisé el teléfono por décima vez, como si con eso fuera a acelerar el tiempo. Ansiedad nivel experto.
Los pilotos ya estaban acabando la vuelta de calentamiento. Charles lideraba como un rey, esperando en primera posición a que los demás se alinearan detrás. Y entonces... ¡semáforo fuera! ¡Arrancan! La salida fue de libro, Charles cerrando a Max como diciendo: "Hoy mando yo". Brillante. Yo pegando gritos sola en el salón como si me estuvieran viendo desde Mónaco.
Todo iba bien. La salida limpia, salvo un pequeño roce entre Hamilton y Magnussen, pero nada grave. En la vuelta siete, me dio un mini infarto. Un Ferrari se va a la grava en la curva cuatro. ¡CASI ME DESMAYO! Por suerte, era Carlos, y volvió al trazado como si nada, como un gato con siete vidas.
Y luego, dos vueltas después, ¡zas!, Max hace exactamente lo mismo. Esa curva cuatro estaba poseída. Pero bueno, Max volvió con más rabia y al rato ya estaba peleándose con George por la segunda posición como si nada hubiera pasado.
Todo era gloria hasta que en la vuelta 27 enfocan el coche de Charles... y va lento, demasiado lento. Mi alma salió de mi cuerpo. Grité: "¡NOOOO!" como si me estuvieran arrancando el corazón. Llegó al box y... fin. Abandonó. Me quería morir. El Ferrari roto y mi domingo arruinado.
Como no me quedaba otra, seguí viendo la carrera con el corazón partido, pero apoyando a los Red Bull. Aunque mi padre ya no me tuviera en su radar, eso no quitaba que les tuviera cariño. Max era amigo mío desde que teníamos acné y sueños imposibles. Le tengo aprecio, qué se le va a hacer.
El podio quedó Verstappen, Checo y Russell. Carlos quedó cuarto, que con todo lo que remontó fue bastante digno. Yo, mientras tanto, abrazaba a una almohada como si fuera lo único estable en mi vida.
Justo cuando ya pensaba que nada emocionante iba a pasar, suena el teléfono. Era Naia. Sonreí al ver su nombre. Siempre que aparece, trae algún plot twist.
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RED BLOOD - CHARLES LECLERC
FanfictionBianca y Charles tienen una relación cargada de odio desde que se conocieron en el colegio. A lo largo de los años, su odio se ha mantenido, incluso compartiendo el mismo lugar de trabajo en la actualidad. A pesar de tener un vínculo en común, ya q...
