9. Miami

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9 de mayo de 2022

Caminaba por el paddock con Naia, esquivando a toda esa gente que parecía andar por ahí como si se les hubiera olvidado qué estaban haciendo. Influencers, famosos que no sabían ni quién era Senna y señoras vestidas como si estuvieran en Coachella. Caos. Maravilloso, sí. Pero caos.

—¿Qué hay de Mount? —preguntó Naia, mientras encendíamos nuestros portátiles y nos dejábamos caer en nuestros sitios del box como dos abuelitas en una terraza.

—¿Qué pasa con él? —respondí, haciéndome la desentendida nivel actriz de telenovela.

Vale. Puede que hayamos empezado a hablar hace unos días, después de que me respondiera una historia con un emoji de fuego y yo, muy digna, decidiera seguirle la conversación. O sea, no soy de piedra. Es Mason Mount.

—Nada —me encogí de hombros, con fingida indiferencia—. Red Bull lo ha invitado a Mónaco.

Naia abrió la boca como si le hubiera dicho que había ganado la lotería.

—Amiga, yo quisiera. —soltó entre risas.

—Tú tienes a Carlos —dije con una ceja levantada.

Y ahí, magia: sus mejillas se encendieron como faroles rojos y cambió de tema con la velocidad de un piloto en recta. No insistí. Ya sabía que ese tema era territorio sensible, así que le seguí la corriente y nos metimos de lleno en el trabajo.

Minutos después arrancó la clasificación. Ferrari, primeros. Leclerc en Pole. Seguidos por nuestros Red Bulls.

Malditos coches rojos.

Yo, que pensaba que este año íbamos a estar otra vez en guerra con Mercedes, me encuentro con que Ferrari decidió salir del museo y ponerse a pelear en serio. Y claro, con Charles primero en el mundial con 86 puntos, Max en 59 y Checo en 54... tocaba espabilar si no queríamos ver al monegasco levantar trofeos como si fueran flores.

Miré alrededor del box. Estaba hasta arriba de VIPs. Pero VIPs del tipo: "he visto Drive to Survive y ahora creo que Verstappen corre para Ferrari". Lo único familiar eran Catia, la novia de Max, Valeria, la mujer de Checo, y Helena con mis hermanos.

Eso sí, nadie quería perderse esta carrera. Y se notaba.

Cuando acabó la actividad en pista, el box se vació como si alguien hubiera gritado que se acababan los canapés. Max se fue a la rueda de prensa y yo apagué el portátil justo cuando mis hermanos aparecieron con cara de que habían tramado algo.

—¡Hola, Bibi! —dijeron los dos a coro.

—Hola chicos. ¿Qué tal? —les despeiné con cariño.

—¡Alex tiene novia! —gritó Brandon como si anunciara una primicia mundial.

—¡NO! ¡CÁLLATE! —chilló Alex, rojo como un tomate, lanzándose sobre él.

Empezaron a pelearse en modo gremlins. Ya me los imaginaba rodando por el suelo del paddock. Los separé como pude y senté a Brandon en mis rodillas.

—Ya me contarás sobre eso —le dije señalándolo.

El peque decidió que el drama ya no era de su interés y se fue directo con papá. Mientras tanto, Alex me miró como si le hubiera traicionado la patria.

RED BLOOD - CHARLES LECLERCDonde viven las historias. Descúbrelo ahora