16. Canadá

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17 de junio

Hoy se cumplían seis años desde que Brandon llegó al mundo.

Todavía puedo recordar con nitidez el momento exacto en que Helena me anunció que estaba embarazada. Fue una de esas noticias que te toman por sorpresa y te remueven por dentro. Siempre pensé que Alex sería su único hijo, el broche final de nuestra familia perfecta. Pero entonces llegó Brandon, y con él, una nueva alegría que se instaló entre nosotros sin pedir permiso.

Como cada año, celebraríamos el cumpleaños en Canadá, manteniendo la tradición familiar. Helena había viajado con los niños para que pudiéramos estar todos juntos, algo que valoraba profundamente después de todo lo que habíamos atravesado.

Desde que mamá apareció, las aguas con papá se habían calmado. No éramos una familia perfecta, pero habíamos aprendido a sobrevivirnos unos a otros.

Estaba en mi habitación, terminando de arreglarme frente al espejo. No era una cena formal, así que opté por algo sencillo: un top blanco de algodón, pantalones vaqueros ajustados y el cabello suelto, con ondas suaves que caían sobre mis hombros. Me maquillé apenas, lo justo para sentirme arreglada sin perder la naturalidad.

Me tumbé en la cama al lado de Charles, que descansaba cubierto por las sábanas, sin camiseta, mirando el techo como si ahí encontrara algo que no quería decirme.

—¿Estás seguro de que no quieres venir? —le pregunté en voz baja, jugando con su cabello desordenado.

—Seguro —respondió, girando el rostro hacia mí—. No quiero empeorar las cosas con tu padre.

Asentí despacio. Su respuesta no me sorprendía, pero igual me dolía. Odiaba que la tensión entre mi padre y él nos condicionara así. Saber que era mi padre el causante del rechazo me rompía por dentro, aunque intentara no demostrarlo.

Mi teléfono vibró sobre la mesa de noche. Lo miré sin desbloquearlo. El nombre que apareció en la pantalla me hizo soltar un suspiro silencioso.

Pierre❤️‍🔥: Tu padre me ha invitado al cumpleaños. ¿Te paso a buscar?

Primero: tenía que cambiar ese maldito emoticono.

Segundo: maldita sea, papá.

—Pierre vendrá —le informé a Charles mientras me incorporaba—. ¿No te importa, verdad?

Charles negó con la cabeza sin vacilar.

—Confío en ti, Bianca —dijo, y me envolvió en un abrazo firme.

Sentí su confianza como un peso dulce sobre los hombros. Me levanté, agarré mi bolso y le di un beso en los labios antes de salir.

—Nos vemos luego —le prometí con una sonrisa.

—Disfruta —respondió él, mirándome con una ternura silenciosa.

Cerré la puerta tras de mí y bajé por el ascensor hasta el vestíbulo del hotel. Pierre me esperaba en uno de los sillones, con una camisa azul cielo perfectamente planchada y unos pantalones cortos blancos que contrastaban con su piel ligeramente bronceada.

—¿Vamos? —preguntó en cuanto me acerqué, poniéndose de pie con una sonrisa relajada.

Asentí y caminamos juntos hacia el coche.

RED BLOOD - CHARLES LECLERCDonde viven las historias. Descúbrelo ahora