21. Mónaco

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9 de octubre de 2022

Había decidido acompañar a Charles a Japón porque sabía cuánto le pesaba este circuito. No lo decía en voz alta, pero lo llevaba en los hombros.

No lo conocía bien cuando ocurrió lo de Jules, pero Arthur, su hermano, me había contado lo duro que fue para toda la familia. El accidente, la espera, la incertidumbre, y después... el vacío. Suzuka no era solo otro trazado para él. Era una herida.

Estaba en el box de Ferrari, sentada en uno de los bancos detrás del muro, cuando sentí mi teléfono vibrar en el bolsillo trasero del pantalón. Lo saqué con desgana, sin dejar de mirar las pantallas que mostraban los datos en tiempo real.

MasonM: Has salido en la tele.

Fruncí el ceño, extrañada. Eran las seis de la mañana en Inglaterra.

¿Qué haces despierto?No sabía que te gustaba tanto la F1 como para madrugar.

Bloqueé la pantalla justo cuando los coches terminaban la vuelta de formación. Los motores rugían. El ambiente se tensaba. El momento estaba por comenzar.

Charles arrancó fuerte, luchando rueda a rueda con Max en las primeras curvas. Me agarré a los bordes del asiento. Fueron segundos intensos, pero el Red Bull logró mantener la delantera y se quedó ahí durante toda la carrera.

En la primera vuelta hubo un caos de salpicaduras, choques y salidas de pista. Casi me paro el corazón cuando vi a Pierre pasar peligrosamente cerca de una grúa en plena pista. Fue como ver un déjà vu del peor tipo: el accidente de Jules volvía a mi mente con una nitidez espantosa. Ocho años después y el miedo seguía ahí.

Poco después sacaron bandera roja. El silencio entre los ingenieros fue lo que más me inquietó. La carrera se pausó, y con ella, nuestras respiraciones. Cuando se reanudó, Max no soltó el liderato. Red Bull terminó en uno y dos. Charles, tercero.

Aplaudí cuando cruzó la línea de meta. Tercer lugar. No era el resultado soñado, pero el podio seguía siendo una recompensa. Aunque sabía que para él significaba otra cosa.

Aplaudí más fuerte todavía por Max. Ese tercer puesto le daba su segundo título mundial. Era surrealista pensar en todo lo que había conseguido desde que lo conocí siendo un crío de diecisiete años. Había estado en casi todas sus victorias, en sus podios, en los dos momentos en que se convirtió en campeón del mundo. Y aún así, cada vez se sentía igual de grande.

Salí corriendo hacia el corralito, adelantándome antes de que los pilotos llegaran. Me posicioné entre la zona de Red Bull y Ferrari, justo donde sabía que acabarían todos. Vi a mi padre unos metros más allá, hablando con alguien del equipo. Sonreía. También era su victoria. Gracias a Max, él estaba viviendo el sueño que compartieron durante años.

Aparté la mirada cuando sentí unos brazos rodearme con fuerza. Supe al instante quién era. El casco de Max se acercó a mí y lo abracé con ganas. Estaba temblando, sudado, agotado y feliz.

—¡Enhorabuena, Max! —dije riendo, con los ojos vidriosos—. Estoy tan orgullosa de ti.

—Gracias, Bianca —pude ver su sonrisa a través del casco—. Joder, qué locura.

Volví a abrazarlo. No era solo un título. Era todo lo que significaba llegar hasta ahí. Todo lo que había dejado atrás. Se fue con su equipo y, poco después, vi a Charles bajarse del coche. Venía caminando hacia su equipo, quitándose los guantes, sin levantar demasiado la cabeza. No necesitaba mirarlo mucho para saber que no estaba feliz.

RED BLOOD - CHARLES LECLERCDonde viven las historias. Descúbrelo ahora